Catedrales
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JACA. LA PRIMERA PIEDRA DE ARAGÓN
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desarrollo por los actuales territorios de Castilla y León y de Aragón.Aunque los documentos en los que estaba basada esta datación resultaran ser falsos, el retraso de fechas —la construcción debió de ocupar el último cuarto del siglo XI e, incluso, los primeros años del XII— no resta importancia al templo jacetano, que en ciertos aspectos constituye una digna respuesta, y a veces un contrapunto, al gran conjunto catedralicio compostelano. Las catedrales de Jaca y Santiago sirven de encabezamiento y culminación del Camino jacobeo en su tramo hispánico, un papel dado por su situación física en sendos extremos de la ruta y, también, por la entidad, la calidad artística y el poder de irradiación de ambos edificios.
Como las descripciones pormenorizadas no son el objetivo de este libro, y sobre las cuestiones de estilo y datación nada podemos añadir a lo mucho que existe publicado, habremos de aprovechar la inclusión de un capítulo dedicado a Jaca para tratar dos asuntos que, aunque parezcan laterales, están en el mismo núcleo de lo que se necesita para apreciar en toda su dimensión un edificio como la catedral jacetana: el origen de la catedral como tipo arquitectónico y la eclosión de la escultura en el románico.También se verá la oportunidad de aludir a la relevancia que podían llegar a tener los añadidos y reformas que, con ánimo de ampliarlos y actualizarlos, se aplicaron con frecuencia a estos viejísimos templos.
LAS PRIMERAS CATEDRALES
La clasificación que hemos hecho de una serie de catedrales como «románicas» no responde a cuestiones de estilo. La razón de que destaquemos en un grupo aparte estos edificios es la de que constituyen, realmente, la primera generación de catedrales; o, mejor dicho, son los primeros templos que adquieren las funciones y modos de aquello que todos entendemos como propios de una catedral.
Del románico suele destacarse que fue el primer estilo paneuropeo, la forma de construir y crear que corresponde a una etapa de recuperación económica y demográfica, y que contiene características comunes desde Galicia hasta Escandinavia y de las islas británicas al sur de Italia. Lo que no suele contarse fuera del campo académico es que tal unidad de formas y conceptos respondía también a la homogeneización de la liturgia. Hasta los alrededores del año 1000, fecha que se da como final de la Alta Edad Media, cada territorio cristiano tenía sus propias formas de culto, las cuales se traducían en la peculiaridad de su arquitectura. Por ejemplo, igual que en el norte de Italia se seguía el rito ambrosiano, en la España cristiana imperaba el rito his-