Catedrales
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SIGÜENZA. EN TIERRAS DE LOS MENDOZA
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ma es el retablo mayor, ejecutado ya en el siglo XVII. Jamete fue un artista francés que llegó muy joven a España, que recorrió mil lugares dejando en ellos el producto de su talento y que, dado su mal carácter y su documentada afición al vino blanco, acabó ante los tribunales de la Inquisición. Murió en Cuenca, donde creó algunas de sus mejores obras.Ahora detengámonos de nuevo ante las susodichas puertas de madera de la sacristía: sin respetar a la pobre santa Inés, aquí doblemente mártir, se horadó el ángulo inferior del batiente derecho con el fin de abrir un hueco para los gatos. Sin duda, el impío agujero se practicó tiempo después de hecha la puerta, en la que, a la vista está, no se hallaba prevista la gatera. ¿Pudo practicarse esa gatera en el siglo XVII, al hacerse el nuevo retablo mayor, de madera y con esculturas, que sustituyó al de alabastro que encargó González de Mendoza? Convendría entonces recordar, imaginando la consentida presencia de los gatos en la catedral, que uno de los argumentos de Jamete para preferir los retablos pictóricos a «los de bulto» (esto es, con esculturas) es que estos últimos,
con sus relieves y recovecos, se
convertían con facilidad en
«nidos de ratones»…
Por lo demás, en los
tiempos renacentistas que es-
tamos describiendo, los frutos
catedralicios no fueron sólo
arquitectónicos. De entre los
canónigos salió Gonzalo Ji-
ménez de Cisneros, que por
la recomendación de Pedro
González de Mendoza fue
nombrado confesor de Isabel
la Católica y, a partir de en-
tonces, acumuló poder hasta
convertirse en regente y ob-
tener el arzobispado toledano
a la muerte de Mendoza;
también hay que recordar a
Asensio Martínez, sochantre
de la catedral, que tuvo con
Francisca de Espinosa un hijo
Arranque de la girola.