Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 90 de 766

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Catedrales

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BURGOS. UNA HISTORIA DEL GÓTICO

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no sólo se encuentran en la catedral sino en cualquiera de las parroquias góticas de Burgos, donde se enterraban los burgueses enriquecidos por el comercio con Flandes— fue un período de esplendor para las artes, cuando pintores, escultores y arquitectos no daban abasto para colmar las ansias de boato e inmortalidad de sus clientes.

LA GLORIA DEL CONDESTABLE

Los Velasco deben el origen de la que llegó a ser una altísima posición a la guerra que enfrentó a Pedro I con su hermanastro, Enrique IV de Trastamara.Vencido el primero en 1369, Enrique premió con largueza a los nobles que lo habían apoyado, aunque fuese a costa del bienestar de sus súbditos, concediéndoles en régimen de señorío numerosas poblaciones que hasta entonces habían sido de realengo. En Medina de Pomar, al norte de Burgos, los Velasco se apresuraron a confirmar el nuevo estatus señorial de la villa, convertida en capital de sus extensos dominios, construyendo un alcázar en su punto más alto. Aún se conserva, convertido en una mole hueca y des-trozado su interior por una moderna restauración, este castillo-palacio de finales del siglo XIV, en el que todavía perduran los escudos de Pedro Fernández de Velasco (homónimo del condestable, aunque un siglo anterior) y de su mujer, que, como la protagonista del cuento más corto del mundo (con permiso de Augusto Monterroso), se llamaba María Sarmiento.

El condestable (jefe de las milicias reales y mayor autoridad del reino tras el monarca) de Castilla, Pedro Fernández de Velasco, estaba casado con Mencía de Mendoza, que fue la auténtica promotora en Burgos de la capilla y el palacio que han logrado mantener viva la fama de los esposos. Mientras Pedro participaba en la guerra de Granada, Mencía supervisaba la construcción de la casa del Cordón y lograba autorización para erigir la primera capilla que un seglar lograba obtener en la catedral. Hasta entonces, las capillas funerarias añadidas a la catedral fueron, como hemos visto, iniciativa de sendos obispos, y después seguiría siendo el clero catedralicio el mayor promotor de fundaciones y enterramientos. A la par, eclesiásticos y burgueses enriquecidos comenzaban por ese tiempo a promover enterramientos monumentales en sus respectivas parroquias, a veces con cenotafios escultóricos añadidos a los viejos muros y otras construyendo capillas de nueva planta, las cuales había que dotar de rentas y capellanías para su secular mantenimiento.

En ese ambiente de exaltación personal a través del arte y de la fama, los poderosos condestables de Castilla se encargaron de poner el más alto e inalcanzable jalón.