Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 165 de 766

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CATEDRALES

una manera peculiar de bucear, sustituyendo la escafandra por los punteros y cinceles, a través de un fragmento prehistórico del fondo marino.

La azulada piedra de Gerona brilla a veces como el agua en movimiento, con puntos que captan la luz y la espejean; estos puntos ovalados son millones de fósiles, que quedaron atrapados en el magma cuando las presiones sedimentarias del subsuelo los soldaron en un cuerpo común. El resultado no sólo produjo hermosura, sino ventajas técnicas: los arquitectos que defendían la opción de la nave única de la catedral arguyeron que quienes dudaban de su firmeza desconocían, por su calidad de foráneos, la dureza y fiabilidad de la piedra local. Por eso, durante los siglos del gótico fue frecuente la exportación a otros puntos de Cataluña, y aun de Valencia, Baleares e Italia, de la piedra numulítica de Gerona, usada por ejemplo en las esbeltísimas columnillas que sirven de parteluz en tantos ventanales de la arquitectura civil de la época o, como señala Francesca Español, en los claustros, cuyos bloques previamente labrados viajaban en carretas hasta el puerto de San Feliú de Guíxols y de allí, en barco, hasta el lugar donde fueran a ser montados.

Esa calidad material es lo que explica en parte la forma del claustro de la catedral de Gerona, que ahora pasaremos a describir junto a los otros elementos que sobrevivieron a la sustitución de la vieja catedral románica por otra gótica.

ELEMENTOS ROMÁNICOS

El claustro románico de la catedral de Gerona tiene una planta muy irregular, obligada por la posición diagonal de la muralla. Es una nueva señal de divergencia de mentalidad entre la Edad Media y el clasicismo, pues lo que aquí importaba era el aprovechamiento del espacio, aunque a cambio primasen la desigualdad y la asimetría. En el claustro la labor escultórica es profusa, repartida entre los bellos y maltratados capiteles y las bandas esculpidas que, a modo de frisos, envuelven los gruesos pilares que se alternan de cuando en cuando con las columnas. Entre esos frisos, ornados con historias del Antiguo Testamento, los artesanos encontraron sitio para retratarse en pleno trabajo: así podemos descubrir a dos carpinteros escuadrando una viga y a dos canteros golpeando con escodas, conformando estos últimos una de las representaciones de operarios más conocidas de nuestra Edad Media.

Pero lo que sorprende a quien contempla con algo de tiempo el claustro catedralicio es su estructura. Lo habitual es que los elementos más diáfanos de los edificios románicos (las galerías porticadas, los claustros) vayan cubiertos con techumbres