Catedrales
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VALENCIA. LA CONTENCIÓN Y EL GESTO
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ban de usarlas con el fin de que sirvieran como demostración de su imaginación y pericia. Uno de estos complicados aparejos es el llamado arco oblicuo, con sus dos caras desplazadas una respecto a la otra; esta posición, que viene obligada en ocasiones por la situación del arco dentro del edificio, en otras se debe a los alardes técnicos tan queridos por los artífices medievales. Si en líneas generales la ampliación de la catedral se atiene a lo que dictan las formas de la nave construida con anterioridad, hay un detalle que supone una pequeña «rebelión» de los arquitectos respecto al plan primitivo: a ambos lados del tramo que tratamos, las ventanas que iluminan la nave poseen, sin razones prácticas que lo justifiquen, arcos en una acusadísima oblicuidad.
Si esos arcos del tramo añadido a la catedral son un aspecto menor, una suerte de
«firma» dentro de una labor obligatoriamente contenida, los dos pequeños conjuntos que sirven para unir físicamente el interior del templo con el aula y la torre dieron a Compte y Baldomar la oportunidad de explayar su talento. No son más que dos pasillos, pero son joyas, por su calidad y reducido tamaño, de la arquitectura. Pere Compte realizó el pasillo que conduce hasta el aula de teología, y ese corto tramo le bastó para insertar dos diminutas y exquisitas capillas, que como la propia galería van cubiertas por preciosas bóvedas nervadas. Los nervios brotan unas veces de ménsulas esculpidas con temas procaces que recuerdan a los de la Lonja de la seda, y en otras se elimina todo apoyo para que los nervios se inserten en la pared con la fluidez de un rayo de luz atravesando un cristal.
Ventanas de la nave, normales y, tras la ampliación, oblicuas.