Catedrales
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TOLEDO. UNA ISLA DE PIEDRA
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fe, no quedaría lugar para las preguntas. El primer concilio toledano, en el año 400, sirvió para condenar a los seguidores de Prisciliano, quien fue el primer obispo de Ávila y, también, la primera víctima mortal (en el 385, sólo un lustro después de la norma de Teodosio) de la persecución religiosa que habría de caracterizar durante siglos al cristianismo. Seguramente, estas cuestiones doctrinales tienen muy poca importancia para el cristiano actual, aunque basta pensar en la denominada «Teología de la Liberación»
para constatar que la unidad y el sometimiento a los dogmas y a la autoridad de Roma sigue siendo una preocupación de la Iglesia actual.
Cuando los visigodos llegaron a España eran seguidores de Arrio, quien defendía que Jesús no era hijo de Dios. Esto cambió con Recaredo, que abrazó el catolicismo. En el III Concilio de Toledo, celebrado en el año 589, se abjuró del arrianis-mo y se puso la base de un acuerdo entre poder civil y religioso que resultaría fundamental, pues los concilios toledanos habrían de convertirse en un medio tan útil para la jerarquía eclesiástica como para la secular, a los que asistían los obispos pero también los reyes y en los que se promulgaban desde directrices para la vida religiosa hasta refrendos para las sucesiones en la Corona, que entre los visigodos no se heredaba por vía filial. El carácter religioso-civil de estas reuniones hace que sean consideradas el precedente de las futuras Cortes del reino.
Con la conquista musulmana, los cristianos hispánicos mantuvieron su religión, aunque ya no tuviesen de su lado al poder civil. Las posturas se dividieron ante la nueva situación: si algunos cristianos se empeñaban en soliviantar a los nuevos gobernantes, buscando incluso el martirio que habría de conducirlos a la Gloria, otros intentaban conciliar sus creencias con las de los invasores. Así se daba el ya referido caso del prelado hispalense Oppas, que fue a Asturias para convencer a Pelayo de que asumiese la autoridad del emirato de Córdoba, o se creaban nuevas herejías, algunas bastante ingeniosas, como la del obispo toledano Elipando, que también reconocía el gobierno emiral: intentando hacer más aceptable el cristianismo para los musulmanes, y soñando incluso con una fusión de ambas religiones, Elipando propuso que Cristo era hijo adoptivo de Dios, una teoría que indignó a muchos cristianos que vivían fuera del territorio andalusí y que recibió el nombre de «adopcionismo».
LA MEZQUITA
Sobre la catedral visigoda, o quizá junto a ella, los musulmanes levantaron la mezquita mayor de Toledo. De esa mezquita sólo ha llegado a nosotros un brocal de pozo