Catedrales
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VALENCIA. LA CONTENCIÓN Y EL GESTO
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Fachada del Palau y exterior de la sacristía-tesoro, antes y después de la restauración.
La restauración moderna modificó ciertos aspectos de la fachada donde va inserta la portada del Palau, por lo que no viene mal confrontar su imagen actual con la que se ve en fotografías antiguas. Dicha restauración quitó las rejas de la sacristía-tesoro, a la que luego nos referiremos, y tras eliminar el tejado, debajo del cual había un sobrado que se utilizaba como desván, con un balconcillo a través del que se subían y bajaban las cosas allí almacenadas, se vio obligada a inventarse como remate una cornisa neomedieval.
El nombre de la portada se debe al palacio arzobispal situado al otro lado de la calle, un edificio muy reconstruido pero que conserva un bello pasadizo de unión con la catedral, levantado en el siglo XVIII. Este pasadizo, que seguramente reemplazó a otro más antiguo, tiene un aire italiano tanto por su clásico dibujo como por el material (ladrillo enfoscado) con que está hecho. Su composición es muy parecida a la del trascoro de la catedral, del que hablaremos más adelante, construido por las mismas fechas y destruido tras la Guerra Civil.
Además de sus historiados capiteles, la portada del Palau, la más antigua del templo, muestra varios elementos de gran interés: el más conocido de ellos es la representación, en los canecillos que sostienen la cornisa, de siete parejas de cabecitas con sus respectivos nombres grabados. Interpretados a veces como efigies de los pioneros