Catedrales
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CATEDRALES
destaca Hoag, debe ser encomiada la actitud que tuvo Rodrigo en Plasencia, pues a pesar de ser un arquitecto que dejó en sus numerosísimas obras un sello muy reconocible, aquí optó por respetar las líneas maestras del proyecto de Juan de Álava. Incluso debemos recordar que Álava estuvo enemistado con su padre, Juan Gil, lo que podría haber despertado en él deseos filiales de una revancha póstuma.Acaso, Rodrigo Gil de Hontañón comprendió el encargo de Plasencia, dada su complicación y su pertenencia a un maestro de ideas distintas a las suyas, como una ocasión para enfrentarse a un reto técnico que ensanchase su horizonte profesional. Una visita a las alturas de la catedral, en lo alto de andamios que permiten tocar las bóvedas, confirma esto: Rodrigo Gil prosiguió los nervios curvos concebidos por Álava, los llamados «combados», pero lo hizo con una corrección técnica nunca lograda por su predecesor. Rodrigo se amoldó a las líneas trazadas por el maestro anterior, y esta aparente humildad le sirvió para demostrarse a sí mismo, de forma tan íntima que hay que encaramarse hasta las bóvedas para comprobarlo, que su dominio del arte de la construcción era capaz
de alcanzar soluciones
y de superar formas muy
distintas de aquellas a las
que estaba acostumbrado.
Además de estas di-
ferencias sutiles, es muy
difícil que un creador de
marcada personalidad no
deje su impronta en al-
gún lado. Rodrigo Gil
contaba para ello con un
lugar expedito, libre de las
condiciones impuestas por
la parte construida del tem-
plo: las fachadas del tras-
coro.Al instalar en el edi-
ficio renacentista la sillería
de Rodrigo Alemán, Gil
tuvo que levantar dos fa-
chadas que la guarecieran
Nervios combados de Álava (A) y de Rodrigo Gil (B).
por los laterales. Es raro