Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 399 de 766

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CATEDRALES

destaca Hoag, debe ser encomiada la actitud que tuvo Rodrigo en Plasencia, pues a pesar de ser un arquitecto que dejó en sus numerosísimas obras un sello muy reconocible, aquí optó por respetar las líneas maestras del proyecto de Juan de Álava. Incluso debemos recordar que Álava estuvo enemistado con su padre, Juan Gil, lo que podría haber despertado en él deseos filiales de una revancha póstuma.Acaso, Rodrigo Gil de Hontañón comprendió el encargo de Plasencia, dada su complicación y su pertenencia a un maestro de ideas distintas a las suyas, como una ocasión para enfrentarse a un reto técnico que ensanchase su horizonte profesional. Una visita a las alturas de la catedral, en lo alto de andamios que permiten tocar las bóvedas, confirma esto: Rodrigo Gil prosiguió los nervios curvos concebidos por Álava, los llamados «combados», pero lo hizo con una corrección técnica nunca lograda por su predecesor. Rodrigo se amoldó a las líneas trazadas por el maestro anterior, y esta aparente humildad le sirvió para demostrarse a sí mismo, de forma tan íntima que hay que encaramarse hasta las bóvedas para comprobarlo, que su dominio del arte de la construcción era capaz

de alcanzar soluciones

y de superar formas muy

distintas de aquellas a las

que estaba acostumbrado.

Además de estas di-

ferencias sutiles, es muy

difícil que un creador de

marcada personalidad no

deje su impronta en al-

gún lado. Rodrigo Gil

contaba para ello con un

lugar expedito, libre de las

condiciones impuestas por

la parte construida del tem-

plo: las fachadas del tras-

coro.Al instalar en el edi-

ficio renacentista la sillería

de Rodrigo Alemán, Gil

tuvo que levantar dos fa-

chadas que la guarecieran

Nervios combados de Álava (A) y de Rodrigo Gil (B).

por los laterales. Es raro