Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 648 de 766

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CATEDRALES

mezcla de superstición y pragmatismo: se creía que quien viese una imagen del santo no podía morir ese día sin confesión, y es obvio que cuanto mayor fuese la imagen más fácil sería verla. La costumbre aseguraba, además, que buena parte de la población pasase al menos una vez al día por la iglesia.

Este ingente san Cristóbal nos empuja a buscar a ciertos parientes suyos. A lomos de la catedral hay un mundo de estancias, viviendas, artilugios y desvanes que revelan muchas de las funciones menos evidentes de los grandes templos. Sobre la sala capitular estaba la cerería (pertenecen a ella los emparrillados para secar la cera que siguen viéndose al final de la calle del Cardenal Cisneros); encaramada en las alturas pervive, como en Ávila, la casa del campanero, no lejos del palacete de la reina Isabel que antes nombramos y de las Claverías, las galerías altas del claustro, que a raíz del fracaso de Cisneros en su intento de agrupar allí al clero diocesano fueron adaptán-dose para alojar a los empleados de la catedral; también quedan en diversos puntos las grúas o tiros de madera o de hierro que servían, y siguen sirviendo, para acarrear los materiales necesarios para las reparaciones o para subir o bajar los enseres y objetos guardados en los desvanes. Uno de estos últimos es el llamado «gigantillas», por con-Grúa situada junto a la puerta Llana.