Catedrales
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GRANADA. LA CIUDAD TRANSMUTADA
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nar lo que pudo ser ese conjunto
único, un equivalente religioso de la
impar yuxtaposición de palacios na-
zaríes y cristianos de la que todavía
podemos disfrutar en el recinto de la
Alhambra: la coexistencia, en una sola
manzana, de la capilla real gótica, la
catedral renacentista y la mezquita
mayor zirí.
Recién iniciada la siguiente cen-
turia, el más antiguo de esos tres edifi-
cios habría de desaparecer para ser
construida en su lugar la capilla del
Sagrario, que pese a las ínfulas que
traslucen su tamaño y su cuidada
construcción no añade gran cosa a la
historia de la arquitectura granadina.
Para ejecutar las naves de la catedral ya
se habían derribado anteriormente el
patio y el alminar de la mezquita, la
llamada torre Turpiana —que se pare-
cía, en grande, al subsistente alminar
de San José—, pero el templo había
dejado a un lado, prácticamente intac-
ta, la mezquita propiamente dicha. El
liwan, las naves de la sala de oración
musulmana, que ya por entonces con-
Aspecto interior de la catedral de Granada.
taban con setecientos años de anti-
güedad, desaparecieron a partir de
1705 a cuenta de una obra extraña, que no se sabe si es pretenciosa o comedida, que desea ser monumental sin dejar de asociarse con las líneas generales de la catedral y que seguramente hubiese sido más interesante de haber crecido, sin vacilaciones, como una franca apuesta barroca. Sin duda, la capilla del Sagrario no compensa, con su arquitectura híbrida, desconcertantemente situada entre la magnificencia y el apoca-miento (quizá como fiel imagen de la propia ciudad barroca, decadente y nostálgica de sus pasadas glorias), la pérdida de la antigua mezquita mayor.