Catedrales
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SIGÜENZA. EN TIERRAS DE LOS MENDOZA 669
los efectos de la humedad, aunque todavía queda mucho trabajo por hacer. Por lo pronto, la faceta renacentista del templo se ha visto acrecentada con la restauración de la capilla de la Concepción, con sus pinturas murales, mientras algunas dependencias medievales esperan, recién recuperadas, su destino inminente como sede del museo diocesano. Allí podrán exhibirse piezas tan relevantes como la Anunciación del Greco o una Inmaculada de Zurbarán que, procedente de Jadraque, guarda el museo local.
Sin olvidar los accidentados episodios últimos de su historia, una buena forma de despedirse de la catedral seguntina puede ser pasear por la lonja del obispo Fadrique, ante la fachada principal. Desde allí, pueden observarse en las piedras del viejísimo e impresionante edificio numerosos agujerillos. Muchos de ellos, practicados en el centro de los sillares, se hicieron en origen para elevar los bloques con unas tenazas como las que todavía hoy se conservan en un rincón de la sala capitular; otros, situados azarosamente alrededor de las ventanas de las torres principales y de la del Santísimo, son los impactos de bala de quienes disparaban desde la calle a los que se encontraban apostados en el interior del templo.Valga como muestra de la pareja y paradójica capacidad de los hombres por construir y destruir esta constelación de orificios negros que, como un mapa estelar en negativo, nos enseña la sufrida y altiva fachada de la catedral de Sigüenza.
LA DAMA DE COGOLLUDO
¿Qué nos queda del legado cultural de nuestros particulares Médici, los Mendoza y sus allegados, en la actual provincia de Guadalajara? Una vez más, hay que resaltar la mala suerte sufrida en los dos últimos siglos por el patrimonio histórico español, que en este caso provoca que el recorrido por los vestigios de nuestro más temprano Renacimiento sea, en buena medida, un paseo entre ruinas. En Guadalajara, ciudad especialmente castigada por las guerras de la Edad Contemporánea, nada sobrevive de la residencia, los gabinetes y los jardines del cardenal Mendoza, donde guardaba animales exóticos y se entretenía traduciendo a Homero y Virgilio. Su ausencia queda amortiguada por la conservación parcial de otras residencias ligadas a la familia: el palacio de Antonio de Mendoza, aunque mutilado, pervive como instituto de enseñanza secundaria, y el sin par palacio del Infantado resiste como un cascarón prácticamente hueco tras haber sido bombardeado por la aviación franquista en 1936.
Respecto del palacio de Cogolludo, el primero construido al modo renacentista fue-