Catedrales
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CATEDRALES
arquitectura instigado por sus no-
tables amigos, muchos de ellos
profesores, y tanto le cundió que
llegó a ser director de la misma
Escuela de Arquitectura donde ha-
bía estudiado.
Velázquez Bosco tiene una
doble faceta como arquitecto: la
de autor de obras de nueva planta
y la de restaurador. En la primera,
creó muchos de los edificios que
dotan de monumentalidad a Ma-
drid (actual Ministerio de Agri-
cultura, Escuela de Minas, exterior
del Casón del Buen Retiro…),
aunque tenía una afición por las
columnas macrocéfalas, coronadas
Ricardo Velázquez Bosco.
por capiteles demasiado grandes y
pesados, que los favorecen poco.
Sus creaciones más felices son
aquellas en las que el diseño tradicionalista se conjuga con la tecnología propia de su época, como los bellísimos pabellones de Velázquez y de Cristal del parque de El Retiro. Como restaurador, dio las pautas para la intervención sobre la catedral de Burgos
—en la que vimos excederse a su continuador,Vicente Lampérez—, y sobre todo dedicó mucho tiempo y esfuerzos (no sólo en la obra en sí, sino también en la penosa búsqueda de financiación) a los principales monumentos del califato cordobés: la gran mezquita y la ciudad palatina de Medina Azahara.
En la mezquita respetó lo principal de las reformas cristianas, pero desmontó otras piezas menores y, sobre todo, redujo mucho la presencia de las operaciones menos apreciables, aquellas que durante el siglo XVIII habían troceado las vigas originales para sustituirlas por una tramoya de bóvedas encamonadas (hechas con listones revestidos con yeso) cuya función principal era aumentar la luz natural mediante la apertura de lucernarios. Una de las piezas que rescató de ese disfraz de cales y yesos fue la catedral gótica, donde recuperó su peculiar techumbre de madera, lo que demuestra que no estaba concentrado sólo en la restauración de lo islámico. Como en las antiguas restauraciones que referiremos en Oviedo y Sigüenza, al arquitecto lo