Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 690 de 766

Páginas del PDF

Catedrales

pdf 1430437

752

CATEDRALES

Resurrección. Frente a ella, la desubicada Virgen del Coro revela con su nombre esa misma procedencia.

LA PLATA DEL RETABLO

Uno de los incendios festivos a los que nos hemos referido acabó con el primitivo altar de plata, por lo que enseguida, en los primeros años del siglo XVI, se quiso hacer otro del mismo material, para el que se supone que se reaprovecharían, refundiéndo-los, los restos del antiguo, y al que también se añadieron piedras preciosas. Ese fue el retablo que también proyectó Yáñez de la Almedina, cuyas puertas, con pinturas de los dos discípulos españoles de Leonardo, aún pueden admirarse. Conocemos el aspecto de su paño central gracias a un dibujo, pues el valioso metal del que estaba hecho fue llevado a Mallorca y luego fundido, en 1812, para conseguir fondos en la guerra contra el ejército francés de Napoleón.

Esa destrucción causará pesar en los amantes del arte, pero puede dar lugar a una reflexión oportuna. Es habitual que los bienpensantes se escandalicen ante la riqueza material de muchos de los objetos

atesorados en las iglesias, pero tal es-

crúpulo se debe al desconocimiento

del papel práctico que jugaban tales

joyas, que han lucido en los templos

ya desde el mundo antiguo.

En la Atenea Parthenos, la colosal

estatua de Fidias que se encontraba

dentro del Partenón, todo era valioso.

Las carnaciones estaban revestidas con

planchas de marfil, y las vestimentas y

complementos con láminas de oro. Los

ojos, los glaucos ojos de lechuza de la

diosa, estaban hechos de esmeraldas. De

unos once metros de altura, la estatua

era un tesoro para Atenas; pero un te-

soro «literal». Buena parte de los fondos

públicos, en parte depositados por otras

El retablo renacentista de plata, fundido en 1812.

ciudades-estado para hacer frente a po-