Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 270 de 766

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Catedrales

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Después de la altísima torre,que recibe desde muy lejos a quien llega a la ciudad, es casi inevitable que lo primero que veamos de la catedral de Murcia sea la fachada barroca, aunque debería ser lo último en contemplarse. En realidad, para comprender la historia de la seo murciana como edificio que nace y crece, tendría uno que internarse en sus naves con los ojos cerrados, para luego ir pasando por los añadidos tardogóticos y renacentistas hasta llegar, ahora sí, a la esplendorosa fachada principal; que, por cierto, tampoco es propiamente una fachada sino, como veremos, casi un edificio completo y autónomo anexado a los pies del templo.

Si se observa una planta de esta catedral en la que estén señaladas, con tramas o colores, las partes que corresponden a los distintos períodos constructivos, se advertirá que no hay ni un solo punto de su etapa medieval, salvo la puerta de los Apóstoles, que no haya sido envuelto por anexos y ampliaciones. Los añadidos, comunes a casi todas las catedrales, destacan en Murcia más de lo habitual, pues el propio templo catedralicio, las naves góticas que reconocemos como

«iglesia de tres naves, crucero y girola», está hecho con una ambición mucho menor que las capillas, las fachadas y la torre que se le fueron adhiriendo con el tiempo. Por eso la hemos llamado una catedral-arrecife, con su núcleo primigenio orlado de organismos que surgen y se desarrollan a partir de él; unos organismos que, aunque no abandonen la relación simbiótica con la base a la que se adosan, pueden llegar a poseer una vida y un relieve propios superiores a los de ella.

Por lo que acabamos de apuntar, en el caso de Murcia parece adecuado que sea la cronología la que nos guíe en el recorrido por sus naves y dependencias, pues así podremos comprender mejor la paulatina expansión, al modo de una formación coralina, de un proyecto concebido en principio con bastante modestia.