Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 74 de 766

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CATEDRALES

do, ya por incendios (el que en 1936 asoló la parroquia de Santa María del Mar), ya porque el clero actual no asume bien el carácter festivo con el que fueron concebidos ciertos componentes de los edificios religiosos. La carassa de la catedral era un autómata, que a la manera de los papamoscas castellanos escondía un ingenio mediante el cual abría la boca y también los ojos. El mecanismo era accionado por el organista cuando tocaba la nota más grave, que entonces parecía surgir de la garganta del gigantesco moro.

En ciertas festividades, la carota se rellenaba de dulces para que, cuando llegase la esperada nota, los niños hasta entonces expectantes se lanzasen sobre la lluvia de caramelos que se desparramaba sobre el pavimento de la catedral.

LA CATEDRAL LATENTE

La carassa del órgano.

Tras haber recorrido la catedral de Barcelona, buscando sobre todo las razones para su peculiar forma, volvamos a situarnos ante la fachada principal.Ya sabemos que la portada intenta atenerse a la traza original que a principios del siglo XV dibujó el francés Carlín, pero el resto es una invención monumentaloide, con agujas caladas que parecen inspirarse en los fantásticos doseletes germánicos del coro y que traicionan el carácter sobrio del gótico catalán. Para colmo, es la parte peor construida de la catedral y, como consecuencia, la más necesitada de reparaciones: mientras el esbelto templo medieval se mantiene incólume, la fachada neogótica ha empezado a res-quebrajarse hace pocos años, pues sus constructores de hace un siglo habían perdido la confianza en la piedra y graparon los sillares con barras de hierro que han terminado por oxidarse. Podremos recordar, ante ese precario y engañoso mascarón neogótico, que no es esta la única operación traumática sufrida en el último siglo por la catedral, que puso en peligro su carácter: como ya se ha dicho, en repetidas ocasiones se ha propuesto (con la inaudita aquiescencia de ciertos historiadores del arte) eliminar el maravilloso coro; y alrededor de 1970 se desmantelaron muchos de los elementos del órgano y el presbiterio, lo que modificó gravemente la propia cátedra episcopal y enajenó el delicado retablo gótico (de madera dorada y en origen concebido, probablemente, para exorno de la cátedra del obispo), que hoy tenemos