Catedrales
pdf 1430440
VALENCIA. LA CONTENCIÓN Y EL GESTO
755
ca del templo— reciba la denominación popular de «balconcitos del cabildo». Con los balconcitos, una de las obras más singulares del Renacimiento español, la catedral continuaba su búsqueda de notoriedad exterior: la contención original del edificio, que mermaba el protagonismo que debía corresponderle dentro del conjunto urbano, iba siendo paliada gracias a sucesivas llamadas al exterior, gestos como el elevadí-simo cimborrio, el Miguelete y, ahora, la superposición de loggias clasicistas concebida por el cabildo para asistir desde lo alto a las fiestas.
La culminación de ese vuelco hacia el exterior tuvo lugar, como era de esperar, en el período barroco. La construcción de la iglesia de la Virgen de los Desamparados a modo de satélite catedralicio —ambos templos están unidos por un puente elevado, como un brazo que desde la catedral se extiende hacia la nueva construcción— aumentó en gran medida la influencia religiosa sobre un ámbito donde, como hemos observado, se erguían también las instituciones del poder civil. Pero entre las obras barrocas que cambiaron el carácter urbano de la catedral, ninguna tiene la relevancia de la fachada principal, llamada puerta de los Hierros por la reja que la antecede.
En los primeros años del siglo XVIII, el mismo tiempo en el que el padre Tomás Vicente Tosca reflexionaba sobre la estructura del cimborrio de la catedral (que luego pondría en letra impresa en su Compendio mathemático) y Palomino pintaba la magna cúpula oval de la iglesia de los Desamparados, el alemán Conrad Rudolf era contratado para trazar y construir la nueva fachada de los pies, junto al Miguelete.
Siempre que se habla de esta fachada, se destaca su relación con obras del Barroco romano: las de Bernini (de quien Rudolf era declarado seguidor) y, especialmente, las tensas arquitecturas de su coetáneo y rival, el gran Borromini, llenas de superficies cóncavas y convexas. En ese aspecto, la fachada valenciana abrió un nuevo y fértil camino en la arquitectura barroca española.
Sin embargo, la forma de la fachada se hace aún más interesante si la vemos no sólo como una continuación formal de las novedades arquitectónicas que llegaban de Roma, sino por lo que es su primer objetivo y lo que comporta su mayor novedad: la adecuación al marco urbano. Este asunto no es secundario. Antes del Barroco, las portadas solían abrirse allí donde eran necesarias, y su forma no variaba ya se situaran ante una plaza o ante una calle estrecha. La arquitectura barroca fue la primera en explotar al máximo los efectos escenográficos que puede conseguir un edificio al «asomarse» al entorno, y para conseguirlos no dudaba en acudir a ciertos recursos inéditos. La fachada de la catedral de Valencia, considerada como un fondo teatral para la desaparecida calle de Zaragoza, se separa así de los modelos de Borro-