Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 75 de 766

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Catedrales

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BARCELONA. LA CATEDRAL BIPOLAR

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que ir a ver, exiliado de su lugar natural, a la cercana y no precisamente bella iglesia de Sant Jaume.

Al menos, estas pérdidas son en buena parte reversibles: ¡qué bueno y ejemplar sería devolver a su lugar las piezas (la carassa, las puertas del órgano, el retablo, el respaldo de la cátedra…), que no

fueron arrancadas, como las es-

culturas del Partenón, por un

lord Elgin, sino por las autori-

dades locales, culturales y ecle-

siásticas! De lo que no cabe

duda es de que la de Barcelona

sigue siendo una catedral viva y

vivida, transitada gozosamente

por ciudadanos y visitantes, que

se mezclan en el bullicioso

claustro dedicando cirios a los

santos y ofreciendo pan a las

ocas del estanque. Lo mejor de

la Edad Media sigue presente

allí, en esa mezcla desprejuiciada

que hace convivir sin estriden-

cias los símbolos religiosos con

los signos gremiales, y los ceno-

tafios de los obispos —entre

ellos el de Gurb, nombre que

Eduardo Mendoza elevó a los

altares de la más humorística

ciencia-ficción— con el de An-

toni Tallander, llamado Mossèn

Borra, que con su efigie yacen-

te de bronce es, seguramente, el

bufón de corte que ha llegado a

lograr mayor dignidad en la

forma y lugar de su sepultura.

El retablo mayor, antes de su traslado.