Catedrales
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CÓRDOBA. CIRUGÍA E HISTORIA
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fronteras andalusíes, dando pie a un movimiento que el citado autor califica de «neo califal». El eco de la mezquita atravesó los Pirineos, al norte de los cuales quedan bóvedas románicas que imitan a las de la ampliación de Alhaquén II, además de ciertas iglesias que se revisten de arcos lobulados «a la cordobesa»; incluso alguna población francesa de nueva fundación, como Cordes, se bautizó así para rendir honores al prestigio de la urbe andaluza.
Dos ejemplos de influencia cordobesa en iglesias románicas: bóveda de Torres del Río (Navarra) y portada de la iglesia de Le Dorat (Haute-Vienne, Francia).
La sugestión a distancia que tuvo lugar desde los siglos IX al XII cobró un cariz nuevo con la conquista definitiva de Córdoba por Fernando III, en 1236. Durante el siglo XIII, la mezquita siguió inspirando a la arquitectura cristiana, como puede comprobarse en la catedral o en multitud de iglesias de Toledo. Pero el influjo omeya en la arquitectura cristiana iba a desaparecer pronto, pues comenzaba a fraguarse en lo que quedaba de Al-Andalus (es decir, en el reino de Granada) un arte nuevo y seductor, refinado y barato, que enseguida se extendería por casi toda la Península, lle-nándola de yeserías, bóvedas mocárabes y techumbres de lazo: el arte nazarí, que encuentra su máxima expresión en la Alhambra.