Catedrales
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CATEDRALES
das bajo el nombre de «gabinetes de maravillas».
Allí podían mezclarse joyas y medallas con li-
bros curiosos, restos de animales más o menos
singulares (caparazones de tortuga o dientes de narval, que solían interpretarse como cuernos
de unicornio), antigüedades reales o falsas, relojes, esferas armilares, estatuas parlantes, autómatas… Parte de estas piezas procedían del gusto
del propietario, que podía sorprender con ellas a sus visitantes y amigos, y otras eran el resultado de regalos que buscaban la singularidad. En
las iglesias resulta todavía frecuente encontrarse con animales disecados, normalmente de origen remoto, como grandes reptiles o especies
marinas. Hay quien explica la presencia de estos
«monstruos» en los templos por la supuesta
identificación entre el reptil vencido y el demo-Nave del Lagarto.
nio, pero no hace falta acudir a esos paralelos moralizantes. En la colegiata de Berlanga de
Duero se conserva un caimán disecado que trajo de sus viajes transoceánicos un insigne hijo de la villa, el dominico fray Tomás de Berlanga, quien quiso regalarlo al templo. En la iglesia segoviana de Santa María la Real de Nieva figuran como obsequios o exvotos una serpiente pitón y la dentadura de un pez sierra, y el curioso podrá encontrar más reptiles en el colegio del Patriarca de Valencia o en la iglesia de Viso del Marqués.
Al ver el cocodrilo y el colmillo de elefante de la nave del Lagarto, no extraña que este tipo de objetos espoleasen la imaginación de los feligreses. Cuando pasase el tiempo, casi nadie recordaría la razón de su presencia, y su aspecto extraño los haría derivar enseguida hacia el terreno de lo legendario: es el caso del famoso «topo» de la catedral de León, al que se atribuyó popularmente los males estructurales del edificio, pues se ocupaba de excavar maliciosamente los cimientos con el fin de echarlo abajo. Como ha demostrado un análisis reciente, el ingente «topo», que aún cuelga en los muros del templo leonés, es un caparazón de galápago que alguien ofrecería en su día como presente, valioso por su rareza, a la catedral.
Sobre la nave del Lagarto no podemos dejar de hacer una apreciación. Es un punto muy significativo del templo, revelador como pocos de la historia de su construcción, donde se superponen un arco de ladrillo de la antigua mezquita con otro