Catedrales
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SEVILLA. DE CASTILLA A ULTRAMAR
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Lima, copian con gran fidelidad la disposición de la catedral sevillana, espejo de su papel de modelo para las de América. En ambas se da la peculiar disposición de la cabecera, con dos portadas flanqueando la llamada capilla Real que allí, lógicamente, prescinde de enterramientos para convertirse en un tributo simbólico a la monarquía española. En las catedrales americanas es frecuente que se apostillen los reglamentos con la frase «como en Sevilla», algo que va más allá de la forma arquitectónica para englobar también la organización jurídica y eclesiástica y el reconocimiento de la ciudad hispalense como poseedora del monopolio comercial con las Indias.
La resonancia americana de la catedral de Sevilla se advierte en multitud de detalles. A este nuevo destino fueron maestros castellanos, extremeños y andaluces para dirigir la construcción de los templos, contando con la mano de obra de canteros y operarios locales. La capilla hispalense de la Virgen de la Antigua fue el lugar de partida y llegada de la primera vuelta al mundo, y su imagen titular, que en origen estaba pintada en los muros del mihrab de la antigua mezquita almohade, extendió su devoción hacia el otro lado del Atlántico. El desarrollo de una gran capilla dedicada a la exposición del Santísimo Sacramento, el Sagrario, establece un lazo significativo entre las catedrales de Sevilla y Ciudad de México; en el Sagrario de Sevilla colaboró Alonso de Vandelvira, quien transmitió en un tratado el arte de construir bóvedas de su padre, el genial Andrés de Vandelvira, y Miguel de Zumárraga, autor también del trascoro. Por cierto, el creador del desaparecido retablo del Sagrario hispalense, Jerónimo de Balbás, se embarcó luego para hacer el de la capilla de los Reyes de la catedral de México.
La catedral de Sevilla se empezó a construir en un tiempo intermedio, dos siglos después de que los castellanos arrebatasen la ciudad a los almohades y medio siglo antes de que la misma Corona de Castilla iniciase la conquista de un nuevo continente. Con su pila de mármol romana, su torre y su patio musulmanes, sus naves góticas y sus dependencias y obras de arte renacentistas y barrocas, con su papel religioso y sus componentes seculares y paganos, con sus piedras llegadas por el río y sus formas y reglamentos viajando a través del océano, el templo mayor sevillano es, quizá, el mayor crisol cultural de la historia de la arquitectura, receptor y emisor de la religiosidad y las formas que, acopiadas durante cientos de años por Occidente, comenzaron a extenderse, cuando su construcción no había todavía concluido, hacia los ignotos territorios de ultramar.