Catedrales
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CATEDRALES
Morris, amigo de los prerrafaelitas e iniciador del movimiento Arts & Crafts—, la inclusión de estas nuevas vidrieras bajas ha creado cierta confusión, y hasta ha dado lugar a peculiares interpretaciones simbólicas. Hoy podemos leer y escuchar con frecuencia que las vidrieras de la catedral de León representan, en escala ascendente, el mundo vegetal, el humano y el divino, o algo por el estilo. Es un ejemplo bastante cómico de la charlatanería (a veces, producida por mimetismo y sin mala intención) que rodea a las obras de arte: pese a ser un conjunto en el que las partes originales han cambiado en su mayor parte de lugar y se alternan con otras posteriores o incluso recientes, las vidrieras de la catedral leonesa han encontrado enseguida intérpretes dispuestos a exprimir toda su carga simbólica, aunque haya que mezclar para conseguirlo los motivos originales del siglo XIII con aquellos que responden a una invención de finales del XIX.
PATROCINIOS E INDULGENCIAS
Extrañará, ante la contemplación de un templo que a la postre resultó ser magnífico, tener noticia de la relativa parquedad con la que se llevó a cabo la catedral gótica de León en su primera etapa, la que abarca la segunda mitad del siglo XIII. Pueden rastrearse dichas carencias a través de aspectos que quedan en segundo plano, como la sobriedad escultórica —la riqueza en ese campo se enfocó sólo a las portadas, aparte de a fundaciones particulares como los sepulcros; también es evidente que en el proyecto primó la vidriera como forma de ornato—, la precariedad de los cimientos o la mala calidad de parte de la piedra con la que se construyó. Aunque solemos relacionar catedral con edificio longevo, en León había, como hemos visto, una cierta tradición de erigir catedrales para demolerlas al poco tiempo, y parecería que la nueva sede gótica no se concibió para escapar a tan fugaz destino, a juzgar por la fragilidad de su fábrica y por el descuido con el que se afrontaron aspectos técnicos como los mencionados. Con tan desesperanzadores preliminares, fue la excelencia plástica del resultado (o sea, la inmensa belleza de esta catedral) la que con el tiempo se convertiría en su mejor aval y en el garante de su conservación.
Por mucho que se quisiera ahorrar en asuntos que en un primer momento pudieron considerarse menores, hubo que hacer acopio de grandes fondos para una obra que, aunque no muy grande —en comparación con sus parientes francesas—, fue arquitectónicamente ambiciosa y se ejecutó en poco tiempo. Alfonso X el Sabio fue quien facilitó en mayor medida la puesta en marcha y la financiación de las