Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 47 de 766

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Catedrales

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ÁVILA. TEMPLO Y FORTALEZA

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UN HITO EN LA MURALLA

Antes hemos visto que el período de esplendor de la catedral se inició a mediados del siglo XII y llegó hasta el siglo XVI. Luego el templo renqueó al hilo de la decadencia de la ciudad, durante el XVII y el XVIII. Lo peor vendría después: desprovista por las desamortizaciones de los ingresos que le producían sus extensas posesiones diocesanas, la catedral quedó sumida a partir del siglo XIX en un tiempo de decadencia y de reducción del antaño nutrido y boyante clero capitular. Más allá de las dependencias catedralicias, en un lugar que para el visitante sólo es adivinable desde el paseo que discurre sobre la muralla, quedan todavía restos del gran corral asoportalado (comparado por Gutiérrez Robledo con una plaza mayor castellana de la época) denominado patio del Noveno, donde hasta entonces no habían dejado de entrar carros, cargados con los frutos en especie de los diezmos y otros impuestos de los que surtía a la catedral el extenso territorio de la diócesis. Dentro de la catedral, un armario a modo de caja fuerte situado en la antesacristía conserva todavía los rótulos que describen los diferentes apartados o «mesas» a los que iban a parar las rentas diocesanas.

En los primeros años del siglo XX se demolió un viejo cuartel cercano a la catedral, un dato que podría parecer irrelevante si no se conociera que ese edificio era el alcázar real medieval, transformado en cuartel en el setecientos y que conformaba con el templo mayor un conjunto homogéneo, denominado «fortaleza de la ciudad»

en la documentación antigua. Acabemos, pues, nuestro paseo por la catedral abulense volviendo a fijarnos en aquello por lo que empezamos, la muralla.

La muralla de Ávila dibuja sobre el plano de la ciudad un rectángulo bastante regular, con sus cuatro lados orientados hacia los puntos cardinales. Esta regularidad es una deuda con la anterior cerca romana, que venía a comprender una superficie equivalente a la mitad oriental de la actual; todavía subyace en algunas de las calles la traza de los antiguos cardo (calle norte-sur), decumano (calle este-oeste) y del foro romano, cuyo emplazamiento y parte de sus funciones religiosas, representativas y comerciales siguen manteniéndose, aunque renovadas, en la plaza del Mercado Chico.

De los cuatro lados de la muralla medieval, el oriental es el único que carece de defensas naturales y era por ello el más expuesto a los ataques. Por eso se protegió con una barbacana (hoy desaparecida) y se jalonaron en él los edificios más notables y las puertas y torres más potentes, que terminaron por darle también un carácter representativo: aquí se abren las puertas principales de la ciudad, así como el conjunto formado por la catedral y el alcázar. Este edificio estaba situado en el ángulo sureste