Catedrales
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LEÓN. MUROS DE CRISTAL
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Reloj. Esta pieza se reprodujo hace algunos años para colo-carla en la torre, pero limitándose sólo a la esfera y dejando fuera lo que en su día debió de ser una de las grandes atrac-ciones de la catedral: dos autómatas —un soldado con su armadura y un león—, que se encargaban de representar con sus movimientos el maceo de las horas y los cuartos. Durante los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo por restaurar órganos, devolviéndoles su uso musical primitivo; en más catedrales españolas, como Toledo, veremos detenidos y olvidados antiguos relojes con autómatas y papamoscas, máquinas maravillosas que se encuentran a la espera de alguna feliz iniciativa (como la que acaba de tener lugar en Ávila) que, literalmente, logre reanimarlas.
PIEDRAS GÓTICAS, IDEAS RENACIENTES
El chantre Alfonso
González de Getino.
Si recapitulamos, veremos que la catedral gótica de León fue construida a lo largo de la segunda mitad del siglo XIII, y que durante el XIV se le añadió el claustro y fue terminada la torre norte. En el siglo siguiente comenzaría para la obra una nueva etapa de gran empuje dentro de los principios del gótico germánico, entonces imperante en España gracias a la llegada de numerosos artistas nórdicos: los Colonia en Burgos, los Egas en Toledo, Michel Lochsner en Barcelona… En León se juntaron durante el siglo XV los maestros encargados de dar un nuevo impulso al amplísimo programa de vidrieras que ocupan casi toda la superficie mural del templo, con los llegados para labrar la sillería del coro catedralicio (Juan de Malinas, Copin de Ver), así como un maestro mayor de presumible origen holandés, llamado Jusquín, escultor además de arquitecto.A Jusquín se debe la terminación de la falsa torre llamada Silla de la Reina, la traza del flamígero piñón de la fachada norte y la erección de la torre del Reloj, coronada por una aguja calada que copia las de Burgos y precede a la de Oviedo.
En esta torre del Reloj y a considerable altura, alojado en la esquina sureste, se encuentra un detalle único en el gótico español. Se trata de la representación en relieve de un personaje, con una filacteria en las manos, que simula asomarse a una ventana; un juego que, con lejanos precedentes en la pintura romana, tiene sus mejores ejemplos en la arquitectura del último gótico. Las falsas ventanas más co-