Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 622 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

Igual que en muchas otras ciudades, Sevilla o Jaén por ejemplo, la mezquita sirvió durante algún tiempo como catedral. La de Toledo estuvo cerca de siglo y medio en esa situación, hasta que en 1226, en presencia del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada y del rey Fernando III, se puso la primera piedra de un gigantesco templo gótico.

LOS RASGOS ANDALUSÍES

Las de Ávila y Cuenca son las primeras catedrales españolas que incorporaron, en los últimos decenios del siglo XII, los sistemas constructivos del gótico. Entrado ya el siglo XIII, Burgos,Toledo y León fueron, por este orden, las ciudades que iniciaron sus templos mayores según los nuevos modelos llegados de Francia. En esta trilogía,Toledo se despega de sus compañeras peninsulares y francesas en dos aspectos fundamentales y sin antecedentes en el gótico catedralicio: la escasa profundidad de la cabecera y la inclusión de motivos procedentes de la arquitectura islámica.Al contrario que la primera peculiaridad, que influye en el espacio y en el uso del templo, la segunda puede parecer anecdótica, una simple cuestión ornamental; no obstante, ha suscitado muchos comentarios y merece que le dediquemos algunas líneas.

La cabecera de la catedral toledana tiene triforio, un elemento que se desestimó al continuarla por las naves y que, como dijimos en Burgos, sirve para facilitar el mantenimiento del edificio, a modo de andamio permanente. En Toledo, esta pequeña galería se aprovechó para introducir arquillos lobulados y entrecruzados, citas literales al mundo andalusí que suponen una nota original en una catedral concebida por arquitectos franceses. Habitualmente, estos motivos se han despachado alu-diendo al ambiente musulmán de la ciudad, que habría logrado impregnar al templo mayor; los triforios catedralicios supondrían, pues, un ejemplo más de ese arte que englobamos dentro de la laxa horquilla de lo «mudéjar».También han sido juzgados como una aportación personal del segundo maestro mayor conocido, Petrus Petri, supuestamente nacido en tierras hispánicas. Pero la arquitectura no se impregna así como así, ni los arquitectos tendrían entonces la libertad de incorporar cosas de su cosecha, y menos tan llamativas, en contra de la opinión del cliente. Los maestros galos que iniciaron las obras recibieron instrucciones concretas, como comprobaremos en el siguiente apartado, y entre ellas estaría la de dejar un espacio para incorporar a la catedral elementos hispanomusulmanes, que a ellos les resultarían chocantes y ajenos.