Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 325 de 766

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CATEDRALES

ingenio. Las grandes obras de arquitectura se convertían así en bancos de pruebas en una época en la que no existía el cálculo de estructuras: la única forma de saber si algo funcionaba o no, aparte de la aplicación del sentido común, de ciertas recetas basadas en una geometría básica y de la experiencia, era mediante el rotundo sistema de comprobar si se mantenía en pie o se caía al retirar, tras su erección, los andamios y las cimbras. En ese aspecto, la catedral mallorquina supone un ejemplo emocionante del apego obstinado a una idea que raya en lo inalcanzable: mientras en la citada catedral de Beauvais los derrumbes llevaron a interrumpir la obra y, en la parte ya construida, a duplicar el número de pilares y a macizar parte de los vanos, transformando y desvirtuando en aras de la solidez el proyecto primero, en Palma la caída de varias bóvedas y pilares no amilanó a sus artífices, que los volvieron a erigir conforme al osado plan original.

Estas obras, costosas y dilatadas en el tiempo, sólo podían tener lugar en enclaves propicios. Más importante que la provisión de dinero era, como se demuestra en los procesos constructivos de las catedrales de León o Segovia, el citado empeño, compartido muchas veces por buena parte de la población, que veía en la catedral un signo de prestigio y de orgullo ciudadano. Palma de Mallorca atravesó, en el tiempo que duró la construcción de su templo mayor, etapas de convulsiones políticas y crisis severas, lo que no impidió que se erigieran en ella edificios espléndidos: la catedral terminó así por descollar entre un conjunto arquitectónico que no tiene apenas parangón en su época, si no es en Barcelona y Valencia, en los territorios hispánicos.

La catedral de Palma fue construida a lo largo de trescientos años, desde principios del siglo XIV hasta 1601, cuando fue concluida una fachada occidental que, por defectos en su construcción, no habría de ser la definitiva. Aunque durante el deso-rrollo de la obra se produjeron importantes cambios de planes, incluida la ampliación de la nave única prevista al principio hasta las tres que llegó a tener, la impresión final de unidad y coherencia es innegable. Las últimas investigaciones han descartado que la construcción de la catedral comenzase en el siglo XIII, como creían los antiguos cronistas, cuando el rey Jaime I, el mismo que conquistó Valencia, arrebató la isla a los musulmanes. La primera centuria de la Mallorca cristianizada tuvo poca actividad arquitectónica, visible sólo a través de edificios modestos, como las pequeñas parroquias erigidas por varios puntos de la isla para atender a los nuevos pobladores.

Mientras tanto, las estructuras islámicas seguían sirviendo a su vieja función, trocán-dose sólo el credo de sus poseedores: antes de ser reedificada, la fortaleza árabe de la Almudaina se convirtió en palacio real cristiano, y la catedral se instaló durante varios decenios entre los muros de la mezquita mayor de la Medina Mayurqa, situados ambos