Catedrales
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LEÓN. MUROS DE CRISTAL
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Castillo de Grajal de Campos.
hasta conversaran antes de matarse. En una escena de la película de Olmi, unos niños observan a los dos grupos de hombres armados que, guardando entre sí una distancia de pocos cientos de metros, se miran e identifican («ya los dos ejércitos se miraban re-tadores con sus armas deslumbrantes», escribe el Silense a cuenta del enfrentamiento entre los sucesores de Sancho el Mayor). La posterior evolución de la maquinaria de guerra habría de convertir a los enemigos en aniquiladores ciegos, despojando de rostro a sus víctimas y eliminando con ello todo rastro de humanidad, aunque fuese perversa humanidad, que pudiera permanecer adherida al ejercicio profesional de la muerte y la violencia.
En la plaza de Regla de León, ante la catedral, se celebraron durante mucho tiempo justas de lanzas, pero convertidas en una especie de exhibición deportiva de las clases altas, orgullosas de sus caballos (aunque tuviesen que alquilarlos a veces en Valladolid) y de sus galas. La disolución de estas justas decadentes, a comienzos del siglo XVII, coincidió con la definitiva puntilla que habría de dar Cervantes a los principios caballerescos, propios de un mundo ya antiguo, como quizá quedó en evidencia tiempo antes a lo largo del confuso y gratuito espectáculo organizado en Hospital de Órbigo por un nostálgico caballero leonés.
Terminado el Paso honroso, el heraldo Nicolás Francés desanduvo el tramo de camino que le conducía hasta León, donde tenía una cómoda casa compartida con su mujer, para seguir llevando a cabo las «cosas que se ofreció a facer a dicha iglesia de Regla». El encuentro definitivo entre la catedral y el artista no pudo ser más fructífero, ya que Nicolás entró en una fiebre creadora incomparable: tras haber pintado la multitud de tablas que requería el nuevo y ambicioso retablo mayor, cubrió con escenas al temple los treinta y dos muros de las galerías del claustro, hizo murales para el trasaltar, pintó un gran Juicio Final y aún le quedó tiempo para iluminar códices y dibujar cartones para algunas vidrieras.