Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 383 de 766

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CATEDRALES

y atenderemos a algunos de los artistas que participaron en la construcción y exorno del templo; pero traicionaríamos el sentido de nuestro libro si no aprovechásemos la ocasión para, en los últimos apartados, acercarnos a las sugerencias y problemas que pueden llegar a depararnos las obras de arte inacabadas.

COMPETENCIA URBANA

Como casi todas las catedrales iniciadas en la Edad Media, la de Plasencia se encuentra junto a las murallas. Lo que resulta menos habitual es que la ciudad de Plasencia fue concebida (tras su fundación, a finales del siglo XII, por Alfonso VIII) conforme a un plan urbano en el que estaba prevista una gran plaza rectangular, situada en el centro del casco amurallado. Por lo general, las plazas mayores fueron planificadas en época moderna, durante los siglos XVI al XVIII, y se constituyeron entonces en nuevos centros de actividades que rivalizarían, como hemos visto en León, con la catedral; sin embargo, en Plasencia, la plaza y la catedral fueron planificadas al mismo tiempo, con lo cual hubo desde un principio competencia entre los dos centros, uno cívico y otro religioso, que dominaban el núcleo. Insistimos en ello porque la necesidad de sobreponerse al creciente protagonismo de la plaza Mayor pudo ser uno de los motivos para la forma dada a la catedral al plantearse, en los últimos años del siglo XV, la renovación de su sede.

Desde la entrada a la ciudad por el puente de Trujillo, la masa incompleta de la catedral, asomando sobre la muralla, resulta impresionante. Por el contrario, para quien llegase a Plasencia desde los caminos de Béjar y de La Vera, la catedral quedaría prácticamente oculta, pues se encuentra en la cota más baja de todo el recinto; desde allí, llamarían mucho más la atención (antes de la desaparición del castillo y de que alteraran el lugar los modernos bloques de viviendas) las construcciones situadas en lo alto de la ciudad: la fortaleza y el acueducto. El templo mayor fue desde siempre el edificio más importante del conjunto urbano, pero su situación en un punto excéntrico y deprimido lo obligó a pujar para destacarse, sobre todo cuando, a partir de los siglos XV y XVI, los palacios y conventos circun-dantes cobraran una relevancia que amenazaba con robarle su papel preponderante. De ese mismo espíritu parece participar el palacio episcopal, que a partir de su fundación medieval fue ampliándose en tiempos del Renacimiento y el Barroco, añadiendo en cada una de esas épocas elementos (chimeneas, piñones, miradores…) que acentuasen su imagen dentro de la escena urbana.