Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 476 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

la segunda de las construcciones que fueron definiendo la bellísima plaza de las Platerías. La casa del Tesoro tiene la esquina rematada con una torre que, como se ha dicho alguna vez, se inspira en los grabados que recreaban durante el Renacimiento el aspecto que pudo tener el Mausoleo de Halicarnaso; entre el Tesoro y la portada del templo se dispuso más tarde un pasadizo con escalera que se apoya en una gigantesca trompa en forma de concha, cuya misteriosa estabilidad sigue intrigando hoy a los expertos.Tanto Álava como Rodrigo Gil trabajaron en Salamanca, y algo del festivo aire de la arquitectura salmantina alcanzó sus obras compostelanas, aunque el granito impuso aquí una mayor gravedad.

Las brillantes aportaciones de Juan de Álava y Rodrigo Gil inician una etapa peliaguda en la catedral, con arzobispos ausentes, más preocupados por la actividad política que se ejercía en los centros de poder que por atender directamente la sede de la que eran titulares. A esto habría que sumar el absentismo de muchos de los miembros del cabildo, que devaluaría aún más la solemnidad institucional. El ambiente del coro compostelano en esos años debía de ser desolador, semejante al que sigue ofreciendo en nuestros días, durante ciertas sesiones, el hemiciclo parlamentario.

Alguno de estos arzobispos dejó, pese a todo, su huella: el tercer Alonso de Fonseca, que gobernó la diócesis compostelana entre 1506 y 1524, intentó imponer nuevas constituciones y la reforma del ceremonial, aunque sobre todo es recordado por transformar los antiguos estudios para convertirlos en una auténtica universidad.

LA PROLONGACIÓN EXTERIOR

Después de la celebración del Concilio de Trento, que puso las bases de la Contrarreforma, hubo un endurecimiento del control al clero catedralicio. El rechazo protestante hacia el negocio que se daba en Roma alrededor del culto a las reliquias fue uno de los detonantes de esa Reforma, que al atraer a los fieles de los países nórdicos redujo mucho el fenómeno de las peregrinaciones. A finales del mismo siglo XVI, el arzobispo san Clemente ocultó los restos del apóstol, con el fin de evitar el pillaje ante la presencia en las costas gallegas de piratas ingleses, dentro de un ambiente bélico que hacía más peligrosos los caminos. La ocultación del cuerpo de Santiago en un lugar secreto —tanto que estuvo sin encontrarse durante tres siglos— contribuyó seguramente al descrédito sufrido entonces por el santuario, enfrentado a un tiempo en el que miembros cualificados de la propia Iglesia pusieron en duda la veracidad del mito sobre el que se sustentaba, y el mismo patronazgo de Santiago sobre España era