Catedrales
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CATEDRALES
hambra, que flanquea por el sur el ce-
lebérrimo patio de los Leones. Con-
tra las interpretaciones románticas al
uso, siempre dispuestas a imaginar,
con la entusiasta aprobación del pú-
blico, eunucos, harenes y lúbricas
concubinas, Ruiz Souza ha propuesto
hace pocos años una lectura nueva y
argumentada del palacio de los Leo-
nes, según la cual esta parte de la Al-
hambra habría sido en realidad la ma-
drasa real. Flanqueando el patio estaría
la escuela coránica propiamente di-
cha, conocida hoy como sala de Dos
Hermanas; la biblioteca (una parte de
cuyos fondos quemó el cardenal Cis-
neros en el curso de una oprobiosa
hecatombe libresca en la plaza de Bi-
barrambla) iría situada en la actual sala
Sala de los Abencerrajes.
de los Reyes, ornada por ello con las
famosas bóvedas que representan te-
mas literarios; por último, la de los Abencerrajes habría sido fundada, siguiendo un modelo común en las madrasas reales, nada menos que como mausoleo de Muhammad V. Algún día se podrán efectuar excavaciones que confirmen o desmientan esta última hipótesis, pero, mientras tanto, hay razones para pensar que, doscientos años antes de que Carlos V concibiese una rotonda para conservar su sepulcro y el de sus sucesores, el rey nazarí que construyó el patio de los Leones ya tuvo como lugar de enterramiento una sala abovedada de planta centralizada.
El otro edificio que cabe emparentar aquí con la rotonda siloesca de la catedral (por proximidad geográfica y por basarse en modelos comunes) no está en la ciudad de Granada, sino a cincuenta kilómetros de ella. Se trata de la iglesia de la Encarnación, en Montefrío, proyectada por el arquitecto y académico neoclásico Domingo Lois. Más aún que el propio Siloé, Lois es para la mayoría un perfecto desconocido.
De origen gallego, fue maestro de obras de Ventura Rodríguez cuando, a mediados del siglo XVIII, la Real Academia de Madrid tenía potestad para sancionar la validez de cualquier proyecto arquitectónico que se pretendiera erigir en el reino. Los ar-