Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 735 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

ARTES HUMANAS

Cuando viajemos para ver poblaciones y monumentos, cuando observemos esculturas y pinturas en iglesias y museos, haremos bien si dejamos de dar crédito a los que predican que no se puede hablar de arte sin levitar y poner los ojos en blanco al mismo tiempo. Recordemos que los mejores artistas de todas las épocas, los in-discutidos, eran señores (y señoras) que padecían los mismos males que nosotros, que entretenían sus días como podían y a los que no dejaban de pesar las servidumbres diarias de la vida (un maño insigne, Luis Buñuel, decía esto mismo de manera muy cruda).Y eran además personas que, independientemente del talento natural, antes de llegar a esos momentos de lucidez en los que lograron crear sus mejores obras habían dedicado largos años a su formación, ya fuese mediante el paso por los talleres gremiales o merced a la obstinación autodidacta y entusiasta con la que, por ejemplo, Van Gogh copiaba vaciados de escayola y láminas de antiguos maestros.

¿Cómo aplicar este enfoque humanizador a las catedrales? Cuando ha sido posible, nos hemos referido a sus autores, aunque en muchos casos, sobre todo en el período medieval, sólo conocemos simples nombres arrojados secamente por los documentos, sin que haya tras ellos el menor rastro de biografía. La humanización de las catedrales puede provenir no tanto de aplicar nombres de mentores y artífices a cada pieza, lo que nos llevaría de nuevo a la enumeración de datos que venimos soslayan-do, sino a su entera comprensión como resultado de unas ideas y unas épocas históricas determinadas. Quien atienda a esto jamás podrá plantearse que un coro estorba a la perspectiva, o que tal elemento barroco perturba la pureza de un ambiente medieval, porque ese tipo de ocurrencias sólo pueden proceder de la ignorancia; ignorancia de los usos para los que se construyeron estos grandes templos y del carácter, necesariamente diverso, que poseen unos edificios que fueron erigidos a lo largo de varios siglos. Una catedral no es un lienzo de Rembrandt, en el que rechazaríamos añadidos y repintes; como bienes patrimoniales, estos templos se parecen más a las ciudades antiguas, donde agradecemos que haya una casa barroca al lado de otra gótica, y en las que entendemos el enriquecimiento que supone la decantación en ellas de aportaciones de todas las épocas y estilos.

Pues bien, todo se entiende mucho mejor, y además es más admirable y conmovedor, cuando comprobamos que, aparte de personas, detrás de las obras de arte hay siempre unos materiales que en su gran mayoría son humildes, carentes de otro valor que el que le otorga quien se sirve de ellos para la creación.Aceites, pigmentos