Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 646 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

impuesta a san Ildefonso, según la conocida leyenda, por la mismísima Virgen María.

Ildefonso, que vivió en el siglo VII, es el único que se atreve a entrar a la catedral cuando de ella surge un resplandor sobrenatural. Encuentra allí a la Virgen, rodeada de ángeles y con los pies apoyados en un pilar (de nuevo, como en Zaragoza, se trata de una Virgen estilita), que le espera para imponerle con sus propias manos una preciosa casulla como premio a su devoción. Esta escena fue reproducida infinitas veces en todos los formatos y soportes, y llegó a erigirse, como el León alado en Venecia o la flor de Lis en Florencia, en emblema de la ciudad y de la archidiócesis. No es casual que el símbolo de la ciudad destaque el valor de los hábitos propios de un obispo; se trataba así de subrayar su papel como sede diocesana o, mejor, como sede de sedes, cabeza de todas las diócesis y archidiócesis hispánicas.

En época visigoda, la capitalidad eclesiástica se acompasó con la de la monarquía; tras los siglos de dominación musulmana,Toledo recuperaría su papel de cabeza religiosa, pero la monarquía ya no volvería a elegirla, salvo en un plano casi simbólico, como sede de la corte. A lo largo de la Edad Media, la corte castellana era itinerante, sin una sede fija; sólo durante la primera mitad del siglo XVI llegó Toledo a ostentar un papel capitalino, cuando el maestro mayor de la catedral,Alonso de Covarrubias, era también el encargado de levantar de nueva planta el alcázar regio. La razón para que, al final, la corte fuese llevada a Madrid, se debe en buena parte al peso del dominio eclesiástico en la ciudad del Tajo. La actitud de los arzobispos toledanos, en ocasiones díscola y prepotente, se manifestó como ya comprobamos en el primer prelado que hubo tras la reconquista de la ciudad, Bernardo de Serillac, que violó las disposiciones dictadas por Alfonso VI. A finales del siglo XV, Jerónimo Münzer definía la iglesia de Toledo como la más rica de España; la descripción que hace del templo apenas se detiene en la arquitectura, y glosa sobre todo la riqueza en ornamentos, ropas y objetos litúrgicos, así como en el número de eclesiásticos y en las rentas de las que disfrutaban. El apelativo de Dives Toletana, «la rica toledana», no se refería sólo al contenido suntuario y artístico, sino sobre todo a las cuantiosas rentas y ganancias del clero catedralicio; el embajador veneciano Andrea Navagero concluía en 1524 su relación de las rentas capitulares (antes de describir, como era habitual entre los asombrados visitantes, las joyas y tesoros catedralicios) afirmando que «los amos de Toledo y de las mujeres son los clérigos, que tienen hermosas casas y gastan y triunfan, dándose la mejor vida del mundo, sin que nadie los reprenda».

Podrían aducirse motivos como la estrechez de las calles y lo escarpado de su asiento, inadecuados para una capital moderna, pero la razón última para que la corte abandonase Toledo durante el reinado de Felipe II fue la presencia en ella de la ca-