Catedrales
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CATEDRALES
El carácter de impluvium es compartido por todos los patios de la urbe, desde los más humildes hasta los palaciegos; y, por supuesto, también por el claustro de la catedral, que une a las funciones antes descritas la de surtir de agua de lluvia a los aljibes situados en su ámbito. En el centro del claustro se dispuso desde antiguo un auténtico jardín, donde se logró un microclima capaz de favorecer, en un medio tan extremo, plantaciones de laureles y naranjos. Hasta no hace mucho existió en su centro un cenador, donde los prelados podían descansar rodeados por un ambiente fresco y ameno, como lo harían los arzobispos sevillanos en el jardín de su palacio de Umbrete. Lo malo es que las relaciones del claustro con la humedad no se limitaron al jardín y a los aljibes: enterrado hasta ocho metros respecto de las calles circun-dantes, el claustro toledano ha sufrido numerosos desperfectos a causa de la humedad que se filtra por sus muros, procedente
del agua escapada de conducciones, patios
y depósitos.Ya se ha dicho que las pinturas
de Starnina (y otras de Pedro Berruguete)
que lo cubrían tuvieron que sustituirse en
el siglo XVIII, y la misma estructura de las
galerías debió ser reforzada en el siglo XVI,
cambiándose entonces parte de la débil y
porosa caliza medieval por nuevos bloques
de granito.
Hace unos años se restauraron las pin-
turas de la capilla de San Blas, aunque quizá
se debía haber esperado a la solución previa
de las humedades seculares que tanto han
contribuido a su degradación. Sobre esa ca-
pilla se acaba de terminar una estancia mag-
nífica, cubierta por una armadura de ma-
dera que enriquece el patrimonio de la
catedral y hace pervivir la tradición de
la carpintería de armar española; bajo esa te-
chumbre se va a instalar una nueva sala para
investigadores, que va a ser la pieza más lu-
cida dentro de la reordenación de los archi-
vos catedralicios comprendida en las actua-
El claustro y la torre.
les labores de restauración del templo.