Catedrales
pdf 1430267
SEGOVIA. EL AVE FÉNIX
579
más es autor de la única torre renacentista de Segovia, la del monasterio jerónimo del Parral.
Si Juan Guas representa el gótico isabelino, Juan Gil de Hontañón es un arquitecto situado ya en un punto intermedio entre los viejos y los nuevos tiempos, los representados por un gótico crepuscular y un Renacimiento balbuceante. Juan Gil, padre del Rodrigo Gil del que luego hablaremos, se ocupó de reedificar al modo gótico la capilla mayor de la catedral románica de Segovia —que tras esa reforma tendría el aspecto híbrido que hoy ofrecen las de Zamora y Ciudad Rodrigo—, así como la librería (una estancia cuadrada con bóveda estrellada) donde se depositarían, entre otros, los libros del obispo Juan Arias Dávila. Al poco tiempo tuvo lugar el episodio armado de las Comunidades y la decisión de trasladar la sede diocesana a otro punto de la ciudad, y fue el mismo Juan Gil el destinatario del encargo para la concepción de la nueva iglesia. Seguramente, la solvencia con la que Gil hizo su trabajo en el templo desaparecido, así como la maestría de la catedral de Salamanca que entonces poseía, fue la mejor garantía para que el cabildo se decidiera por él como maestro mayor de la nueva fábrica. No obstante, Juan Gil habría de morir sólo un año después de iniciadas las obras, por lo que la construcción de la catedral pasó enseguida a manos de sus hijos, primero Juan Gil el joven y luego Rodrigo (la hermana de ambos, María, se casó tres veces y las tres con hombres que se llamaban Juan).
Dentro de ese cabildo que eligió como maestro a Juan Gil estaba el canónigo fabriquero, encargado, como su nombre indica, de lo relativo a las construcciones y reformas de la sede diocesana. Él fue, según Ruiz Hernando, «el verdadero artífice de la catedral», un hombre entusiasta e instruido que puso todo su empeño en que la costosa y difícil obra saliera adelante. Por supuesto, también se llamaba Juan: Juan Rodríguez.
CON EL CLAUSTRO A CUESTAS
Cuando el visitante se dirige desde el interior de la catedral actual hacia el claustro, se encuentra con una primera pista de que hay allí algo que se despega del resto del templo: en un edificio tan simétrico, dispuesto con tanta pulcritud en su conjunto y en cada uno de sus detalles, extraña que la puerta de acceso al claustro se halle des-centrada. La misma portada que la enmarca ya revela un carácter menos sereno que las naves catedralicias, pues responde a un gótico anterior, el que a finales del siglo XV
se ufanaba por dibujar sus molduras siguiendo mil curvas, regates y quiebros.