Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 706 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

que ver con las catedrales, como iglesias conventuales (Madrid, Huelva) o parroquiales (Getafe, Guadalajara). Sin embargo, el cambio de categoría resultó menos forzado allí donde había colegiatas: como hemos visto, a muchas de ellas sólo les faltaba el obispo y que se les asignasen los límites de una diócesis para amoldarse, casi sin transformaciones, a su nuevo papel.

VITORIA

La catedral de Vitoria ha adquirido mucha fama en los últimos años, debido a un complicado proceso de restauración que ha sabido divulgarse de manera inmejorable: en vez del oscurantismo que suele rodear cualquier intervención urbana o arquitectónica, con tapias que obstruyen la visión a la lógica curiosidad del público, en Vitoria se está trabajando bajo el feliz axioma de «abierto por obras».Ya que una buena restauración debe ser siempre una oportunidad para ahondar en el conocimiento del objeto restaurado, los profesionales encargados de la recuperación de Santa María de Vitoria (arquitectos, historiadores, arqueólogos) han logrado dar a este principio otra vuelta de tuerca, convirtiendo las obras de rehabilitación en un proceso diáfano que logra implicar a los ciudadanos y visitantes.

La restauración, todavía en curso, ocupará el último de los apartados dedicados al templo vitoriano; antes deberemos hacer un breve repaso a su complicada historia, en la que se superponen el ascenso de su papel eclesiástico y, al hilo de ello, la transformación física del edificio en una búsqueda, a veces no muy bien encaminada, de aumentar su monumentalidad. Santa María nació como parroquia, fue luego colegiata y, por fin, logró convertirse en catedral. Curiosamente, esto último precedió en muy pocos años a la fundación de una nueva catedral en los barrios modernos, por lo que casi acababa de estrenar su condición catedralicia cuando la iglesia medieval empezó a ser denominada, paradójicamente, «catedral vieja».

LA CIUDAD GÓTICA

En Nuestra Señora de París, una novela que hemos nombrado varias veces en este libro, Victor Hugo contrapone la pérdida del París medieval, destruido por las reformas urbanas de Haussmann, al aspecto que ofrecían otras ciudades que sí habían conservado hasta entonces (primer tercio del siglo XIX) su aspecto primitivo. Entre las ciu-