Catedrales
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CATEDRALES
bre todo, posconciliar del templo. Hasta ese momento, y a pesar de las hipótesis que imaginan ante el pórtico de la Gloria una más que improbable escalera imperial románica, lo más factible es que la catedral careciera de accesos cómodos por su lado occidental: durante la Edad Media, la fachada catedralicia debía de quedar colgada a media altura, precedida sólo por una terraza a modo de balcón, una curiosa disposición que se mantuvo hasta hace pocos años en la catedral de Orense y que aún existe en la iglesia de Ribas de Miño.
La cuestión de si originalmente existía o no un acceso a través del Obradoiro sigue sin ser resuelta, aunque nosotros nos decantamos por la segunda posibilidad. Al hacer la escalinata, ordenando quizá algún «apaño» anterior, la gran extensión situada a occidente estableció comunicación directa con el interior de la catedral, multipli-cando las posibilidades representativas y simbólicas del pórtico de la Gloria y consolidando la extensión diáfana de la plaza, que no llegaría a regularizarse hasta finales del siglo XVIII, como el espacio ideal para acoger a las multitudes que acudían a la llamada de los actos religiosos
y festivos.
ESCENA BARROCA
El personaje clave de la trans-
formación barroca de la ca-
tedral, que es la que mejor
define el aspecto actual del
templo, fue José Vega y Ver-
dugo. Presente en Santiago a
mediados del siglo XVII, des-
pués de vivir en Roma y en
diversos centros del máximo
interés para la arquitectura
española del momento (Sala-
manca, Madrid), desempeñó
en Compostela el cargo de
canónigo fabriquero, o sea, el
miembro del cabildo más
Posible solución original ante la fachada principal (A) y escalinatas imperiales imaginadas por Conant (B) y Puente (C). implicado en las obras y re-