Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 359 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

Ese rey, coronado en la catedral románica poco antes de que sus bóvedas se hun-dieran, fue el que asumió como un empeño personal, en connivencia con su esposa Leonor, la reconstrucción de la catedral pamplonesa, y el que vería ocasionalmente avanzar las obras desde las ventanas del palacio que compartía con el obispo; o, en el caso de Pamplona, mejor habría que decir del obispo-abad.

UNA CATEDRAL MONÁSTICA

Las catedrales románicas estaban concebidas siguiendo el modelo funcional de los monasterios. Ese modelo se copiaba incluso en la propia organización del cabildo, pues sus miembros vivían al estilo de los monjes: seguían la regla de san Agustín (lógicamente anterior a la de san Benito, que es la que impera en los monasterios), pensada para un clero que se organizaba en comunidad, pero en «régimen abierto»; de ahí, y seguramente también de la disoluta juventud de Agustín, viene la insistencia de la regla en evitar las «peligrosas» miradas de las mujeres. La vida al estilo monástico implicaba que las catedrales incluyesen en su programa constructivo todas las dependencias necesarias para la vida religiosa en común: sala capitular, dormitorio, comedor o refectorio, cocina…

A partir del siglo XIII, las catedrales promovieron la secularización de sus cabildos y la separación entre los bienes del clero capitular y del obispo. Esto significa que los canónigos abandonaron la vida en comunidad y se instalaron en casas independientes, aunque dispuestas normalmente en un barrio específico, llamado barrio de canónigos o canonjía, donde también solía encontrarse la residencia del obispo.Así, sin renunciar a los de castidad y obediencia, podían escaquearse del voto de pobreza, pues los canónigos eran muchas veces los segundones de las grandes familias. El cambio, que ya hemos descrito en nuestra visita a Burgos, supuso una modificación de la idea de lo que debía ser un templo catedralicio (Pedro Navascués advierte de que esta circunstancia es mucho más determinante, para los cambios operados en la forma de las catedrales, que el paso del estilo románico al gótico), pero desde luego afectó también a todas esas dependencias de tipo monástico, que inevitablemente quedaron en desuso. Sólo la sala capitular sobrevivió, pues era una estancia imprescindible para seguir celebrando las reuniones del cabildo, a través de las cuales se gobernaba la catedral y la diócesis.

Todas las catedrales cambiaron de modelo, menos la de Pamplona, que mantuvo su organización de tipo monacal hasta que Pío IX la abolió en una fecha tan recien-