Catedrales
pdf 1430262
574
CATEDRALES
tre los dos edificios, desembarazando para siempre al alcázar de su engorrosa vecina.
La guerra de las Comunidades —que enfrentó al rey Carlos V con algunos nobles y comerciantes castellanos, quienes lo veían como un extranjero ajeno a sus intereses—
tuvo en Segovia uno de sus escenarios principales. La ciudad fue patria adoptiva de uno de los cabecillas de los comuneros, Juan Bravo, cuya casa fue demolida en época franquista para hacer en su lugar el hotel Las Sirenas. El hecho de armas más señalado se desarrolló, en 1521, en el constreñido espacio que alojaba la catedral y el alcázar: mientras el ejército del rey se encontraba, como le correspondía, en este último, los comuneros lograron atrincherarse en el templo y desde allí hostigaron a sus enemigos.
Ya se sabe que el bando ganador fue el que apoyaba a Carlos V, aunque, tras la refriega, tanto la catedral como el alcázar debieron de quedar bastante maltrechos.
Quizá fuese esa la razón de que en el siglo XVI se comenzara una profunda reforma de la fortaleza, la cual finalmente le proporcionó las empinadas techumbres de pizarra que tanto la caracterizan. Por su parte, la catedral acabaría el episodio con desperfectos, pero no tan graves como para impedir su reconstrucción: lo prueba el hecho de que, como veremos, muchos de sus elementos fueron reaprovechados en el templo que se haría después en otro emplazamiento.
La reducción de la vieja catedral a cenizas no se debió, por tanto, a una destrucción provocada por el lance bélico, sino a que la Corona vio en la reciente batalla la excusa para alejar definitivamente del alcázar el edificio frontero, dejando en su lugar una explanada expedita en la que no quedase rastro del templo ni del viejo palacio episcopal y que es el precedente de los jardines, de ambiente decimonónico, que aún podemos ver hoy día. Pero deberemos reconocer en ellos la presencia fantasmal de la vieja catedral si queremos comprender en todo su valor la forma y situación del viejo barrio medieval donde edificaron sus casas los canónigos.
LAS CANONJÍAS
Para llegar a los jardines del alcázar puede bordearse la ciudad por el soleado paseo sobre la muralla que mira al valle del arroyo Clamores, ascender desde el Eresma a través de la puerta de Santiago o bien acercarse a través de una de las dos calles bautizadas hoy con el nombre de Daoíz y de Velarde, combatientes de la guerra de la Independencia cuyo monumento, inaugurado en 1908, preside la entrada a la fortaleza. Esas calles, que vienen a confluir frente al alcázar, están todavía flanqueadas por