Catedrales
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BARCELONA. LA CATEDRAL BIPOLAR
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LA NOTA MÁS GRAVE
El museo de la catedral es muy pequeño, aunque merece la pena visitarlo por la importancia de algunas de las obras que lo conforman. La mejor de todas es una pintura del cordobés Bartolomé Bermejo, que también dibujó la vidriera de la capilla bautismal, la llamada Piedad del canónigo Desplá, por el nombre de quien la encargó, que aparece como donante en la tabla y que la guardaba en su capilla privada.
Pero atendamos a otras piezas, de no tan buen arte pero de mayor significación para imaginar un aspecto de la catedral que fue modificado hace pocos años. Se trata de las pinturas sobre sarga, de gran tamaño, que hacían de puertas del órgano. Unas están pintadas a todo color, otras en grisalla. Hoy vemos el magnífico órgano renacentista de la catedral, colgado sobre el interior de la puerta de Sant Iu, y no echamos nada a faltar; sin embargo, está desguarnecido de las puertas, contemporáneas a él, que funcionaban como unas ornamentadas tapas de piano. Según lo requiriese la ocasión, permanecían cerradas (amortiguando el sonido y mostrando las pinturas en grisalla) o abiertas (dando entonces vía libre al sonido y luciendo las pinturas de color). Otros órganos, como el de la catedral de
Tarragona o el más antiguo de la
de Salamanca, pueden recordar hoy
el efecto teatral que acompañaba a la
música y que se conseguía moviendo
estas puertas de sarga, en consonancia
con el ambiente de pesadumbre o es-
plendor que necesitara el ritual.
No son las puertas las únicas
piezas desgajadas del órgano barcelo-
nés. Invisible para el público, colgada
en una de las tribunas altas, languide-
ce desde hace algo más de treinta
años la magnífica carassa (carota), la cabeza de moro que, acompañada
por otros dos bustos que todavía ha-
cen de ménsulas laterales, pendía del
centro del órgano. Esta efigie burles-
ca se repetía en diversas iglesias cata-
El órgano, con las puertas abiertas
lanas, aunque de todas ha desapareci-
y la carassa en la base.