Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 551 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

que esperaban en la orilla. En las representaciones antiguas de Sevilla aparece siempre el muelle del cabildo, adonde llegaban las embarcaciones cargadas con bloques de la sierra de San Cristóbal —situada entre Jerez y El Puerto de Santa María— y que servía como fuente suplementaria de ingresos alquilándolo para otros cometidos. El Guadalquivir fue un componente fundamental en la historia local; su papel más conocido es el de puerto ligado a los viajes transoceánicos, pero a él se debe también que la ciudad, desprovista de canteras, se surtiese de los centenares de columnas de mármol, provenientes de Génova, que nutren sus patios porticados y que llegase a tener la mayor catedral pétrea de la cristiandad.

En cualquier caso, para quien conozca la Sevilla monumental, el gigantismo de su catedral no le parecerá una rareza, sino casi una costumbre. Es evidente que se quiso abarcar todo el solar que dejaba vacante la mezquita, tanto por razones prácticas (el aprovechamiento del terreno) como simbólicas. La propia mezquita almohade era, pues, un precedente colosal; pero la historia cristiana de la ciudad está jalonada, dejando a un lado la catedral, de edificios inmensos. Recién conquistada, Alfonso X mandó edificar unas atarazanas (naves para la construcción de barcos) muy extensas, que en parte se han recuperado en la actualidad; pasada la Edad Media, edificios ingentes como el hospital de la Sangre, la fábrica de Tabacos o el palacio de San Telmo continuaron esta tradición que contrapone la menu-da compartimentación del caserío sevillano con la rotunda presencia de algunas de sus construcciones más insignes.

TUMBAS DE REYES

El primer obispo de la Sevilla reconquistada fue un hijo de Fernando III, Felipe, aunque luego renunció para poder casarse. La instalación de una capilla real dentro de la mezquita cristianizada, donde encontrarían sepultura el propio Fernando III y su hijo Alfonso X, marcó el destino de la futura catedral, que se convirtió no sólo en el templo que encabezaba la diócesis, sino en un auténtico panteón real. Ubicando en ella su sepulcro, Fernando y su hijo Alfonso pretendían consolidar la conquista de Andalucía, de forma parecida a como lo hicieron, dos siglos más tarde, los Reyes Católicos en Granada. Antonio Almagro ha ofrecido una hipótesis de cómo podrían ser estas capillas, instaladas entre las arquerías de la mezquita. Como en Córdoba y Toledo, estaban al este de la capilla mayor y con un segundo piso, elevado sobre el pavimento general del templo, donde se situaban los sarcófagos. En Toledo diremos algo más