Catedrales
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CATEDRALES
Es imposible hablar de Rodrigo Alemán sin referirse al final que le atribuye la tradición. La implicación de Rodrigo con Plasencia rebasa los límites del coro catedralicio, pues dejó en esa ciudad más obras y allí murió.A él se atribuye la portada de las Clarisas, muy cerca de la catedral, y está documentado que construyó el puente Nuevo, en sustitución de uno anterior de madera. Después de crear cuatro sillerías catedralicias, pasar mil vicisitudes y apuros económicos, levantar puentes y aun trazar puertas y retablos de iglesias, se dice que Rodrigo terminó sus días estampado en una dehesa de las afueras de Plasencia, poniendo fin así a un corto vuelo que lo llevó a planear sobre el núcleo urbano. Ponz toma el hecho en serio, dado que lo tratan autores fiables y cercanos a él en el tiempo, y refiere las dos razones con las que se intentó explicar en su día el vuelo del escultor: una lo interpreta como la típica historia de un creador ensoberbecido que reta a Dios y recibe de Él castigo; otra pretendía que, agobiado por acreedores y deudas, Rodrigo se refugió en el sagrado que le ofrecía la torre catedralicia y allí, coleccionando plumas, logró hacerse unas alas con las que pretendió una fallida fuga por el aire.
En este libro apenas hacemos mención a leyendas, que con su sobreabundancia y poder de fascinación dificultan muchas veces la comprensión de los monumentos, pero haríamos mal si, con arrogante escepticismo, rechazásemos de entrada todo atisbo de verdad en la historia del escultor volador. Imitar el vuelo de los pájaros es una vieja aspiración humana, que intentó materializarse por diferentes medios desde finales de los tiempos medievales y el Renacimiento, como demuestran los célebres estudios de Leonardo.Así, con un hombre elevándose penosamente sobre el suelo, comienza Andrei Rubliov, la película de Andrei Tarkovsky sobre la vida del famoso pintor de iconos; y en España contamos con un pionero del vuelo humano, Diego Marín, un pastor del pueblo burgalés de Coruña del Conde que, a finales del siglo XVIII, los mismos años en los que Ponz recorría el país, logró planear un buen trecho tras saltar desde el castillo con unas alas fabricadas por él mismo. Por último, recordemos el caso tristísimo del sastre Franz Reichelt, que encontró una muerte instantánea al intentar volar con unas alas grotescas desde el primer piso de la Torre Eiffel; la cercanía del hecho (1912) permitió dejar constancia filmada de esta última y descabellada consecuencia de la tradición de los hombres-pájaro, sucedida cuando comenzaba el desarrollo de la aviación.
No hace falta buscar motivos triviales, como las deudas o las vanidades de artistas, que en aquellos tiempos no se estilaban.A la vista de sus creaciones, de esas misericordias talladas en las que se despliega tanto conocimiento como fantasía, y de la capacidad de pasar de esas menudencias a la solución de obras de ingeniería, resulta