Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 608 de 766

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CATEDRALES

natural que con los años sería conocido como fray José de Sigüenza, historiador de la ibérica orden jerónima y cronista del proceso constructivo de la última gran obra del Renacimiento europeo: el monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

DE LA ILUSTRACIÓN A LA GUERRA

Los últimos prelados que tuvieron en Sigüenza un papel de patronazgo social y cultural no dejaron su huella en la catedral, sino en la ciudad y en el territorio de la diócesis. Durante el último cuarto del siglo XVIII fue obispo Juan Díaz de la Guerra, hombre de la Ilustración que promovió la creación de industrias de molienda, tejidos y papel, la recuperación forestal y agrícola de la diócesis y, en lo arquitectónico, la erección del barrio seguntino de San Roque. Su labor en Sigüenza fue continuada por Pedro Inocencio Vejarano, quien creó una alameda que culminó el proceso, iniciado trescientos años antes por González de Mendoza, de apertura de la población medieval hacia la vega. La Alameda de Sigüenza está ordenada al modo de un hipó-dromo romano, con pirámides, puertas y ban-

cos que organizan el conjunto; en algunos de

estos elementos se esculpieron granadas en

alusión a la ciudad de origen del prelado. En

esta zona baja se suceden, alrededor del ilus-

trado jardín, algunos de los hitos urbanos de la Sigüenza desencastillada, al tiempo que sirve

de homenaje al solar más viejo de la ciudad, la vega del Henares, donde la iglesia de Santa

María de los Huertos —reedificada a comien-

zos del siglo XVI con el mismo tinte renacen-

tista que hemos visto en la catedral— se asien-

ta, como ya apuntamos, sobre el lugar donde

pudo estar un templo antiquísimo, acaso la ca-

tedral de época visigoda.

Los nuevos aires del barrio barroco de

San Roque y de la Alameda ensalzan aún más

el aspecto fortificado de la catedral, aunque los que la construyeron no podían sospechar que

Santa Inés y su gatera,

en la puerta de la sacristía.

ese cariz bélico encontraría su máxima expre-