Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 332 de 766

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Catedrales

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PALMA DE MALLORCA. LA SEO DEL MEDITERRÁNEO

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GUILLEM SAGRERA

La excelente piedra caliza con la que se iba construyendo la catedral procedía de diversas canteras de la isla, donde era extraído el material que después de su labra llegaba en barcazas hasta la bahía de Palma. Los maestros —conocemos algunos nombres, pero no cabe atribuir la autoría del edificio a ninguno de ellos— enviaban plantillas y modelos a los talleres dispuestos a pie de cantera, y así, con las piezas desprovistas del material sobrante, se conseguía aligerar la carga. Otros bloques cuya forma no podía preverse con exactitud, o aquellos destinados a relieves y esculturas, eran labrados a pie de obra, y el escombro que ello producía se utilizaba, mezclado con cal, para rellenar el interior de los muros. Entre las personas que cobraban sueldos por su trabajo en la construcción aparecen en los documentos bastantes mujeres, lo que no debe resultar chocante: en otras catedrales consta también la participación de mujeres en el tajo, y hay imágenes que lo ilustran, como el capitel de la construcción de la torre de Babel en el claustro de la de Pamplona, donde tanto hombres como mujeres acarrean materiales a través de rampas y andamios.

Uno de los lugares donde se extraían y trabajaban los bloques era Felanitx, cuna de una de las sagas familiares más fecundas de canteros y escultores de la Edad Media, la de los Sagrera, cuya presencia en el lugar se remonta a mediados del siglo XIV.

Entre las obras de la catedral, la citada puerta del Mirador congregó hacia finales del siglo XIV un verdadero cónclave de maestros locales y foráneos, y sirvió de escuela para la formación de otros nuevos. Para trabajar en los relieves de esta portada estuvo en Palma Jean de Valenciennes, autor de las desaparecidas esculturas del ayuntamiento de Brujas, y en ella dio sus primeros pasos profesionales el entonces aprendiz Guillem Sagrera, que habría de convertirse en el mejor y más universal representante de la citada familia de escultores y canteros.

Guillem Sagrera trabajó en los dos centros entre los que orbitaba el gobierno del reino de Mallorca (Palma y Perpiñán), y al final de su vida tuvo el honor de ir a Nápoles reclamado por Alfonso el Magnánimo, lo que le convirtió en el primer artista hispano —si dejamos aparte la faceta como arquitecto del emperador Adriano— que tuvo un papel importante en suelo italiano.Tras proyectar la iglesia de San Juan el Nuevo