Catedrales
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CATEDRALES
reloj: el reparto del agua para riego de la huerta provocaba graves conflictos entre los huertanos, que podían acabar en crimen. Por ello, el reloj catedralicio marcó desde su origen no ya las horas de la ciudad, sino la estricta regulación de los tiempos de adjudicación de riego de la huerta.
LA ARQUITECTURA DE LA TORRE
En la base de la torre de la catedral de Murcia aparece una fecha, 1521, como la del comienzo de su construcción. Un año después falleció Francisco Florentino, su iniciador, y la obra pasó a manos de Jacobo Florentino, el Indaco, de quien hemos hablado por sus trabajos en Granada. Hasta 1526, cuando murió en Villena (donde trabajaba para la casa consistorial), le dio tiempo a terminar el primer cuerpo de la torre murciana. El segundo cuerpo lo dirigió Jerónimo Quijano, y con él acaba la fase renacentista de la obra.Así, magnífica y mocha, estuvo muchos años, con una pobre espadaña de ladrillo (donde ya lucía el reloj apaciguador de los huertanos) y la casa del campanero sirviendo de remate de los monumentales muros de sillería. En ese momento era ya evidente, pese al cuidado con el que se habían aderezado los cimientos, que la mole se estaba inclinando: de nuevo, el subsuelo aguardaba a la catedral para jugarle malas pasadas. Habrían de transcurrir dos siglos, cuando ya se había hecho la gran fachada barroca de la que luego hablaremos, para que se retomaran las obras. A finales del siglo XVIII se concluyó la torre con la afortunada intervención del prolífico arquitecto Ventura Rodríguez.
Después de aludir, en el apartado anterior, a las múltiples funciones de la torre de la catedral, completemos el elogio con la descripción somera de su forma. Empece-mos por decir que se trata de una torre que, sin dejar de tener un exterior cuidado, posee verdaderos espacios interiores. Esto no es tan frecuente como podría parecer: muchas torres eclesiales buscan sobre todo tener en lo alto el cuerpo de campanas, y el resto de la edificación se concibe como un simple soporte, del que sólo interesa que se alce hasta la altura requerida. Contra esto, la torre murciana tiene una concepción excepcional tanto de su exterior como de su interior, lo que la convierte en un verdadero y completo «edificio». En la base se encuentra la sacristía, que con la sala o antesacristía que la precede es una joya de nuestro primer Renacimiento. En las portadas, en las bóvedas y hasta en los muebles y armarios se trasluce un trabajo primoroso que busca la excepcionalidad, tanto por su calidad como por su rareza: la bóveda de la sacristía es, como indica José Calvo, la primera de su tipo realizada en pie-