Catedrales
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CATEDRALES
cuidado con el que debió de hacerse esta magna operación, ya que se preservaron las pinturas de Nicolás Francés, hechas un siglo antes; estas pinturas revelan también, como los sepulcros medievales conservados, que para las nuevas bóvedas y arcos exteriores se mantuvo el trazado general del claustro anterior.
A lo largo de las galerías, al igual que en el interior del templo, se suceden los enterramientos. El más notable de todos ellos es el del canónigo Juan de Grajal, de mediados del siglo XV y debido a Jusquín de Holanda, que también fue maestro mayor de la catedral. En él, un precioso ángel sostiene una hermosa vanitas, un lamento por lo pasajero de los bienes y glorias de este mundo, lo que da todo su sentido al san Miguel que pesa las almas, así como a las dos figuritas que representan al canónigo duplicado, pero con aspecto bien diferente: a un lado con sus rasgos de vivo y, al otro, reducido a la posterior condición de esqueleto.
Pero, como se ha dicho, al antiguo carácter funerario se le ha ido adjuntando al claustro, en el último siglo, el de servir como depósito de «cadáveres» artísticos. Allí veremos algunas de las sobrias ventanas del palacio episcopal gótico, derribado en mala hora por los restauradores, así como las extraordinarias agujas helicoidales de Juan de Badajoz, que, hasta su reconstrucción purista, coronaban la fachada occidental de la catedral. Entre todos los que se apilan en el claustro, el objeto «muerto» que más puede llamar nuestra atención es de un cariz muy diferente: se trata del reloj que antiguamente estaba colocado en la torre sur de la catedral, llamada por ello torre del Reloj con autómatas, hoy en el claustro.