Catedrales
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CATEDRALES
No debemos pensar, de todas
formas, que el de la Giralda es un
caso aislado, pues en el Renacimien-
to fue muy frecuente la remoción y
adaptación de edificios anteriores.
En Italia son famosos los casos de la
capilla Malatesta en Rímini, refor-
mada por Leon Battista Alberti, y de
la basílica de Vicenza, envuelta por
Andrea Palladio en una nueva y fas-
tuosa arquitectura. En ambos ejem-
plos, los maestros italianos buscaron
sobre todo ocultar los edificios me-
dievales, conservados por necesida-
des ahorrativas, y eso es lo que más
los distingue de los ejemplos espa-
ñoles más o menos coetáneos.Antes
de que Hernán Ruiz lograse su proe-
za con la Giralda, el gran arquitecto
Alonso de Covarrubias, a quien en-
contraremos en Sigüenza y Toledo,
añadió a la sinagoga toledana de
Santa María la Blanca una nueva ca-
becera para transformarla al culto
cristiano, y en la misma ciudad hizo
otro tanto con la iglesia medieval de
San Román. En todos los casos, la
nueva obra se presentó como añadi-
do enriquecedor y, sin prescindir de
las formas propias de su tiempo, se
logró un perfecto maridaje entre lo
antiguo y lo nuevo.
Hernán Ruiz murió en 1569,
con sólo cincuenta y cinco años, lo
que da una triste y postrera justifica-
La Giralda.
ción al sobrenombre de «el Joven».