Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 271 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

LAS NAVES GÓTICAS

El emplazamiento original del obispado murciano estuvo en la ciudad costera de Cartagena, que fue sede diocesana en tiempos muy tempranos. De hecho, si hacemos caso de tradiciones no documentadas, sería la primera diócesis fundada en la península Ibérica (la leyenda atribuye su instauración al mismísimo apóstol Santiago el Mayor). Cartagena, fundada por los cartagineses y luego romanizada y bautizada como Nova Cartago, tiene desde luego cierto marchamo como sede del cristianismo primitivo, pues se trata de la única ciudad española que muestra algún resto palpable de construcciones bizantinas; no mucho, pero el fragmento de muralla y otros vestigios que todavía restan de Cartago Spartaria conforman —junto al enigmático baptisterio de Gabia la Grande, en la vega de Granada, y los mosaicos del mihrab cordobés—

todo el acervo arquitectónico bizantino que hoy por hoy, a falta de posibles hallazgos arqueológicos, ofrece nuestro país. En los últimos años, el potencial arqueológico de Cartagena está siendo recuperado, con descubrimientos tan formidables como el antiguo teatro, construido en la época de Augusto.

Cuando, en el siglo XIII, las tierras de la actual Región de Murcia fueron arrebatadas a los musulmanes, el viejo solar cartagenero recuperó momentáneamente su viejísimo papel de sede diocesana, pues siempre se procuraba que los centros episcopales fundados en época anterior a la invasión musulmana se «restaurasen», debido al prestigio que ello comportaba, en el mismo lugar. Sin embargo, había un problema para la consolidación de la diócesis de Cartagena: la dominación islámica había desaparecido de tierra firme, pero la costa seguía padeciendo ataques de los piratas argelinos.

Hoy vemos la costa como el lugar más apetecible para vivir o descansar y eso hace que los hoteles y las urbanizaciones se agolpen junto a ella, pero la querencia por el mar es un fenómeno muy reciente. Hasta hace poco más de un siglo, el mar era siempre sinónimo de amenaza, un lugar inhóspito de donde procedían terrores reales o imaginarios; el embajador veneciano Andrea Navaggero, tras sufrir una tem-pestad mientras se dirigía hacia España, llama al mar «monstruo» al que nada «podría inducirme a volver a él». Nadie había más valiente o desesperado que quien se hacía a la mar. Las torres vigía que aún jalonan las costas levantina y andaluza sirven de adorno en nuestro días para las zonas de ocio y baño, pero también recuerdan la amenaza y el expolio que podía llegar antaño del mar. La inseguridad que el peligro cor-sario causaba en la venerable Cartagena hizo que la catedral fuese trasladada tierra adentro, y se eligió para ello la también recién reconquistada ciudad de Murcia, aunque la diócesis conservó el nombre de la población costera.