Catedrales
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CATEDRALES
el dibujo aprobado por los clientes. Se cavaban zanjas en busca de la roca madre que sirviese para la cimentación —zanjas que en el caso de Ávila se rellenarían, presumiblemente, con el escombro producido por el derribo de la catedral anterior— y se comenzaban a elevar los muros, sin saber a ciencia cierta cómo ni a qué altura iban a ser concluidos. San Vicente y San Pedro de Ávila son buenos ejemplos de iglesias comenzadas en románico y cubiertas a lo gótico, y la catedral de Sigüenza, como veremos en el capítulo correspondiente, fue sobreelevada muy por encima del alzado previsto en principio para ella. Por su parte, la catedral de Ávila resume todo ese tipo de procesos (cambios en la forma, técnica y altura), lo que la convierte en un rompeca-bezas muy estimulante y revelador, que dice mucho —y más a nosotros, que sufrimos un tiempo en el que los proyectos arquitectónicos están constreñidos por la obligación de especificar hasta el detalle más nimio— acerca de la confianza que tenían los antiguos maestros en su capacidad para resolver los problemas sobre la marcha.
Esta naturaleza de proyecto fluctuante —que, aunque bastante habitual, afecta a la catedral de Ávila de forma muy acusada— no reduce en absoluto el acierto del resultado. El templo abulense se impone exteriormente con la contundencia que le corresponde en su papel de iglesia mayor, sobrepujando con su masa a la cerca amurallada y a las torres de las parroquias y los palacios, y se ahueca en su interior con una esbeltez y luminosidad que apenas pueden encontrar comparación.
A partir del crucero, los titubeos que afectan a toda la primera fase parecieron enmendarse, y las naves que llegan hasta la fachada principal fueron proseguidas se-Detalle de la pintura de la construcción de un templo.