Catedrales
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SEVILLA. DE CASTILLA A ULTRAMAR
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Hontañón, para que reparase los
cuantiosos desperfectos y conci-
biese una cubrición más conteni-
da. Es una pena que no se realizase
entonces, como propusieron algu-
nos miembros del cabildo, una cú-
pula de madera de lazo, similar,
aunque mucho más grande, a la
que cubre el salón de Embajadores
del vecino alcázar. Este nonato
cimborrio, cuyo aspecto ha aven-
turado Ana Almagro, hubiese do-
tado a la «exótica» catedral, conce-
bida por flamencos, franceses y
alemanes, de un rasgo espectacular
de la tradición local. Con los años,
Aspecto hipotético de la catedral con el cimborrio.
de haber tenido una cúpula de
madera rematando el crucero, la
catedral sevillana hubiese poseído,
gracias a sus dos elementos culminantes,
una combinación capicúa: mientras la torre
almohade estaba destinada a quedar corona-
da por un campanario manierista, el templo
gótico hubiese sido rematado con una te-
chumbre de estética musulmana.
Como edificio gótico, la catedral no se
vio terminada hasta comienzos del siglo XX.
Las portadas principales (la central de los
pies y las del crucero), que habían quedado
inconclusas, fueron rematadas por Adolfo
Fernández Casanova, con desigual fortuna,
entre 1887 y 1917. Este arquitecto fue el
encargado de abordar la restauración de la
catedral después de que fuese declarada
Monumento Nacional, en 1881, cuando el
edificio mostraba claros síntomas de debili-
Ruina del segundo cimborrio en 1888.