Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 334 de 766

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Catedrales

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PALMA DE MALLORCA. LA SEO DEL MEDITERRÁNEO

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Hay más conexiones entre Sluter y la escultura española de su tiempo: Juan de la Huerta, nacido en Daroca, fue un dignísimo continuador de las obras que dejó interrumpidas Claus Sluter en Dijon, y sólo su mala cabeza le hizo caer en desgracia: Juan se gastó el dinero adelantado por sus clientes para costear ayudantes y materiales. En eso no podía ser más diferente de Guillem Sagrera, quien, con tal de completar la lonja de Mallorca permaneciendo fiel a su plan, puso sus propios bienes como garantía. El maravilloso resultado no impidió que el Colegio de Comerciantes de Palma, que le había encargado la lonja, lo llevase a pleito por ciertas menudencias, unos litigios que enturbiaron las cuentas de Sagrera y de sus descendientes hasta casi un siglo después de muerto Guillem. La amargura que en Sagrera pudo provocar la mez-quindad de los comerciantes mallorquines debió de ser uno de los motivos del favor de Alfonso el Magnánimo hacia el artista, por quien intercedió y a quien al fin adjudicó el importante encargo napolitano.

Tras Guillem aún hubo otros miembros de la familia Sagrera dedicados a los oficios relacionados con la piedra. El más destacado fue Francesc, posible nieto de Guillem, que fue presbítero de la catedral y a quien se debe en ella la puerta de la Almoyna, así como el sepulcro del filósofo Ramón Llull en el convento de San Francisco de Palma.

JUAN DE SALAS

El escultor aragonés Juan de Salas nos sirve de excusa para dedicar unas líneas a ciertos componentes esenciales de la catedral, hoy desaparecidos o transformados.

Salas fue el encargado de poner al día, en el siglo XVI, el núcleo solemne del templo, lo que supuso la renovación del coro y de los púlpitos. Desde su origen, la catedral de Palma preveía la colocación del coro al modo hispánico, en el centro de la nave mayor, aunque la enorme anchura de ésta hacía que las paredes del coro quedasen, contra lo que es habitual, separadas de los pilares que dividen el interior en tres naves. Lo que sí era una rareza de Palma es que, debido a la peculiar situación de las puertas laterales de la catedral (más cercanas a los pies que a la cabecera), el trascoro quedaba situado, como en las catedrales francesas, a la altura del crucero. Se daba en Palma, pues, una singular mixtura (copiada también en Gerona) entre el coro francés instalado en la cabecera y el coro español que, ubicado en la nave mayor, deja espacios laterales entre él y el presbiterio para la presencia de los fieles.