Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 260 de 766

Páginas del PDF

Catedrales

pdf 1379303

292

CATEDRALES

se logró en ellos mantener las formas renacentistas propias del tiempo en el que se hicieron con el respeto hacia la composición, proporciones y función constructiva de aquello a lo que reemplazaban. Por ello, esta obra de Juan de Badajoz es una buena lección para los arquitectos que hoy día afrontan obras de restauración monumental.

UNA AMAZONA CON SOBREPESO

En España, la arquitectura del Renacimiento no supuso una fractura respecto de la medieval. Los maestros renacentistas, libres de los prejuicios estilísticos con los que ahora juzgamos sus obras, aprovechaban sin complejos los avances constructivos y técnicos que habían tenido lugar durante el período gótico, como los sofisticados sistemas de evacuación de las aguas o las propias bóvedas nervadas. Incluso cuando hacían un edificio enteramente «a lo romano», lo llevaban a cabo con procedimientos de cantería que no suponían una ruptura con lo anterior, sino la posibilidad de añadir nuevos retos a una tradición profesional consolidada. De forma acorde con la sólida formación técnica de sus autores, los tratados españoles de la época suelen recoger asuntos prácticos, al contrario que los prestigiosos tratados llegados de Italia, que veían la arquitectura, en perjuicio de la construcción, como un arte del diseño.

Juan de Badajoz y los demás arquitectos renacentistas de nuestro país sabían pues qué hacían cuando operaban sobre un edificio gótico, pues ellos mismos eran capaces de bascular entre la manera «moderna» y la «romana» (gótica y renacentista, según la terminología del siglo XVI). Incluso cuando sus obras eran ya ajenas a las formas góticas, no dejaban de ser arquitectos que habían aprendido el oficio de una generación previa, representada a veces por el mismo padre, inmersa todavía en las formas de la arquitectura medieval.

Sin embargo, en el período barroco las técnicas constructivas y la mentalidad habían cambiado mucho, por lo que los arquitectos de ese momento comprendían peor las razones, estéticas o constructivas, de las construcciones medievales. Para entonces iba ganando la partida la imposición de modelos del clasicismo llegado de Italia, un país en el que la cantería, a diferencia de España, Francia o los países germánicos, no tuvo apenas desarrollo. En Italia la arquitectura lograba formas sublimes por la habilidad puesta en el disegno, pero lo habitual es que su concreción fuese, sobre todo, labor de albañiles. Al traducir las bóvedas masivas del clasicismo, distintas a las ligeras y articuladas del gótico, a la construcción en piedra, los arquitectos españoles o franceses del Renacimiento —como, dos siglos después, los del clasicismo académico—